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BishopNoonan Join me in the celebration of the Red Mass on Thur. Nov. 6, 12:10 pm at St. James Cathedral to pray for all members of the legal profession.
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BishopNoonan Live in the light and love one another as the Lord loves us. He is full of compassion and mercy.

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Homilía de instalación

Les doy una cordial bienvenida a la Basílica del Santuario Nacional de María, Reina del Universo y les doy las gracias por estar conmigo en esta celebración.  Envío mis más expresivas gracias al Papa Benedicto XVI por escogerme para ser el quinto Obispo de Orlando.  También envío mis mejores deseos y oraciones para una pronta recuperación al Arzobispo Sambi, Nuncio Apostólico de los Estados Unidos.  Saludo al Monseñor Jean-Francois Lantheaume, Consejero del la Nunciatura Apostólica quien amablemente representa al Arzobispo Sambi aquí en esta tarde.  Bienvenido Obispo Norbert Dorsey, nuestro Obispo Emérito.  Al Arzobispo Wenski, Arzobispo Metropolitano de Miami, bienvenido de vuelta a Orlando.  Al Arzobispo Favalora, Arzobispo Emérito de Miami, quien me ordenó como Obispo – bienvenido y muchas gracias por estar aquí.  Muy en especial al Obispo Román, quien me ordenó al diaconado – gracias por su inspiración, por su guía y por sus oraciones a través de muchos años.  Al Obispo Estevez, mi hermano obispo en Miami por estos pasados 5 años, gracias por su hermandad y amistad.  A los obispos de la Florida, Obispo Ricard, Lynch, Galeone, Barbarito, Dewane, Snyder y a mis hermanos obispos que han venido de varias partes de los E.U., gracias mil por su presencia.  Un agradecimiento especial a los sacerdotes de Miami; a mis compañeros sacerdotes, rectores y facultad de San Vicente De Paul, Monseñor Keith Brennan, y por supuesto, al rector de mi amado San John Vianney – Padre Roberto Garza y todos los seminaristas.  A los sacerdotes de la Diócesis de Orlando, muchas gracias por su calurosa bienvenida y por su apoyo.

El Adviento, temporada de Esperanza y Expectación, y ¿dónde está nuestra esperanza? Y ¿cuál es nuestra expectación?  En las Escrituras descubrimos el significado de estas preguntas durante la temporada de Adviento.  El Profeta Isaías está esperanzado y espera  con pasión al príncipe de paz y también Israel añora y anhela por el Rey Mesías pero no sabe cuándo ni dónde lo encontrarán.

Juan el Bautista asume que el Mesías será un fuerte reformador social, parecido a Elías, regresando a la tierra.  Sin embargo, Juan el Bautista pregunta “¿eres tu el que viene o debemos buscar a otro”?

María esperaba callada y excepcionalmente, como nadie más en la historia.  María, una gran mujer de fe; nos demuestra a todos lo que es tener esperanza por Cristo con sus palabras, “Mi alma proclama la grandeza del Señor, mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador…  El Todopoderoso ha hecho grandes cosas por mi”  Lucas 1:46-49.  María es el modelo perfecto del discipulado.  En la oración del Angelus escuchamos su fidelidad y respuesta al Señor.  “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra, y el Verbo se hizo carne y moró entre nosotros.”

Esta temporada de Aviento es un recordatorio que Dios se hizo carne, que el Hijo de Dios se hizo hombre y vivió entre nosotros.  El Papa Benedicto escribió en Caritas en Veritate:  “Sin Dios el hombre no sabe adónde ir ni tampoco logra entender quién esLa disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa.”  Es en ese mismo espíritu que llego ante ustedes como el quinto obispo de la Diócesis de Orlando.

En la primera Lectura, el profeta Ezequiel llega a un mejor entendimiento y una apreciación más profunda de su llamado a ser profeta.  Ezequiel, el profeta escogido por Dios para hablar en nombre de Dios, encuentra gozo y fortaleza en la Palabra de Dios.  Los obispos son llamados a proclamar el evangelio y a unir a todas las naciones y su gente en una sola familia del Señor.   Esta tarea debe ser puesta en una base sólida de fe y guiada por una vida de santidad.

En la segunda Lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios, San Pablo pide a los primeros cristianos unidad aun cuando reconoce la diversidad de talentos y culturas de las personas.  Habla sobre compartir los dones espirituales con amor y un caminar con integridad en el medio de toda la gente.  Aun reconociendo que no todos comparten  nuestras creencias, somos llamados a ser fieles al Evangelio y a acoger un espíritu de justicia y santidad.  Todos tenemos la responsabilidad de amar a Dios y a nuestros vecinos desde el más humilde hasta el más alto, desde líderes religiosos hasta altos oficiales públicos.  Debemos estar conscientes y escuchar la voz de los callados y de los olvidados.  Las naciones no son juzgadas por su grandeza sino por la manera que tratan a los más débiles. Hay momentos en que necesitamos despojarnos de todo lo que nos divide.  Lo mismo en nuestras ciudades,  en nuestros lugares de empleo, en la arena política, entre naciones, en nuestras familias, o hasta entre una madre y su hijo sin nacer; no podemos continuar dividiendo el universo en nuestros propios y cómodos compartimientos.  En Spe Salvi, el Papa Benedicto escribió: “Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto. Su reino no es un más allá imaginario, situado en un futuro que nunca llega; su reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza.”

Como servidores de los misterios de Cristo en la Iglesia, debo ser un guardián fiel para que la esperanza de Cristo se mantenga viva.  Estoy consciente que mis logros no son solamente por mis propios esfuerzos ya que descanso sobre los hombros de aquellos que me precedieron: Arzobispo Borders, el obispo fundador de Orlando, y Obispo Grady – ambos difuntos – que descansen en paz; el Obispo Dorsey y el Arzobispo Wenski, todos fieles servidores del Evangelio

En los Evangelios de Juan, escuchamos sobre los discursos de despedida de Jesús, dejando instrucciones a sus discípulos.   Jesús expresa palabras de consolación y seguridad a un grupo de discípulos temerosos y confundidos.  Moisés, cuando se le dio la misión de dirigir el pueblo de Israel  de la esclavitud en Egipto hacia la tierra prometida, tuvo temor de tan enorme tarea.  Dios le aseguró que El siempre estaría con él.  Es ese el verso que escojo mi lema Episcopal – Exodo 3;12.  Es también la plegaria de San Patricio cuando regresó a Irlanda a convertir a su pueblo, “Dios ante Mi y Dios Conmigo”.  Es por medio de Cristo que podemos lograr todas las cosas.

Aquí en Orlando, somos bendecidos con un maravilloso presbítero de muchas naciones del mundo, sacerdotes que han trabajado arduamente plantando las semillas de la fe en las vidas de la gente.  Las Misas de fin de semana se ofrecen en diversos idiomas y tenemos el mayor número de seminaristas en la historia de la diócesis.  Se han abierto nuevas parroquias y hay otras en construcción.   Caridades Católicas crece cada día más y alcanza a los más pobres y necesitados de nuestra comunidad.  Los diáconos permanentes han apoyado la vida de fe parroquial—algunos en ministerios especiales cuidando a los enfermos y a los que se encuentran en prisión.  Las religiosas de la Diócesis han tendido una base sólida para ofrecer una educación excelente y una gran formación de fieles.  Las religiosas también han sido instrumentales en levantar muchos de nuestros ministerios parroquiales.  La Campaña “Vivos en Cristo” proveyó estabilidad financiera para lograr continuar con el plan de crecimiento en el futuro.  Como testigos de la esperanza, estamos más conscientes de las necesidades de nuestras parroquias y de nuestro rol como comunidades de evangelización.

A nuestros hermanos y hermanas Hispanos, ofrezco unas palabras en Español.  Su presencia en esta Diócesis es una bendición y un recordatorio para todos nosotros que el mensaje de la Navidad y del Evangelio es para ser escuchado por todos los pueblos del Mundo.  Cristo viene para enviar el mismo mensaje “Paz en la Tierra para los Hombres de Buena Voluntad”.  Que la Paz y las múltiples bendiciones de Cristo estén con todos ustedes en esta Navidad.  Que su amor por la familia y su fe se conviertan en inspiración para todos.  Me encanta el dicho “Mi Casa Es Su Casa.”

A nuestros hermanos y hermanas Haitianos quienes en el pasado año han sufrido tanto y aguantado tanto dolor, les digo:  Han enseñado al mundo cuan llenos de fe y resistentes son; su fe es una inspiración para todos nosotros.

A nuestros amigos Vietnamitas, su fe se construyó basada en los mártires vietnamitas, que la tradición de su gran fe continúe enriqueciendo sus vidas y las vidas de nuestras comunidades de fe.

A nuestros hermanos coreanos, filipinos, portugueses y polacos, a través de todas sus tribulaciones, su fe les ha dirigido hasta aquí y les sostiene.

Y a todos ustedes, me regocijo en lo sagrado de este llamado.  Rezo poder servirle bien y que al servirles bien a ustedes, le serviré al Señor con gran gozo.

 

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