En la gloria del Domingo de Resurrección, la Cruz se revela como el Árbol de Vida – porque por su amor hasta el último momento, Cristo vence el odio y el pecado. Este es el máximo significado de la Cruz: No buscar vida para si mismo sino dar uno su propia vida. El Domingo de Resurrección nos proclama que la Cruz no cerró la puerta a la vida más bien es a través de la Cruz, la Cruz de Cristo, que las puertas de la vida – de la vida abundante – se abren. Y es que es la vida lo que nuestro Señor Resucitado comparte con nosotros en el Santo Sacrificio de la Misa en nuestra comunión de su Cuerpo y Sangre. Es esta vida lo que restablece nuestra amistad con él. San Pedro proclama en los Hechos de los Apóstoles, “A El se refieren todos los profetas al decir que quien cree en El recibe por su Nombre el perdón de los pecados.”
Bishop of Orlando |