JUVENTUD, DIVINO TESORO
Como es conocimiento de todos, Juan Pablo II tuvo mucho cariño por los jóvenes. Su última participación en una Jornada Mundial de la Juventud fue en el año 2004 (XIX Jornada Mundial). El mensaje que escogió ese año para los jóvenes del mundo entero fue “Queremos ver a Jesús” (Jn 12, 21).
En él Juan Pablo II dice lo siguiente “Para ver a Jesús lo primero que hace falta es dejarse mirar por Él. El deseo de ver a Dios está en el corazón de cada hombre y de cada mujer. Queridos jóvenes, dejen que Jesús los mire a los ojos, para que crezca en ustedes el deseo de ver la Luz, de gustar el esplendor de la Verdad.”
Nuestros jóvenes, especialmente aquellos llegados en edad adolescente, sufren por tener que cambiar su propia cultura y adaptarse a otra. Nosotros, los adultos, lo sabemos bien porque pasamos por lo mismo. Los cambios son muchos: desde el clima, la ropa, la comida, la música, la geografía, las normas sociales y ni que decir del idioma. Además nos sentimos, muchas veces solos y/o apartados de la sociedad en la que vivimos, extrañando a nuestros familiares, nuestros paisanos, y en realidad todas nuestras costumbres.
Frente a estas circunstancias es fácil perder la perspectiva de vida y de fe. Nos dejamos envolver por cosas totalmente mundanas porque necesitamos sobrevivir. Por eso es que buscamos por el mundo aquello que nos alivie el dolor o nos gratifique lo más rápido posible. Nos olvidamos que el mejor alivio, la mejor fortaleza y el mayor consuelo son lo “ojos de Jesús”.
Yo quisiera hacer eco a ese llamado de Juan Pablo II, para que nuestros jóvenes puedan ver el rostro de Jesús. Jesús como amigo. Jesús como hermano. Jesús como compañero. Jesús como consejero. Jesús todo amor hacia cada uno de nosotros. Recuerden: “Para ver a Jesús lo primero que hace falta es dejarse mirar por Él”.
Dejémonos mirar por Jesús. Estemos junto a Él para que podamos ayudar a nuestros niños y jóvenes a buscarlo, a mirarlo, a seguirlo y amarlo. Invitemos a nuestros jóvenes a dejarse mirar por los ojos de Jesús. En Él encontraran la energía y la fortaleza que necesitan.
Recuerden que no solo basta con decir que los jóvenes son el futuro de la Iglesia. No. Ellos son el PRESENTE JOVEN de nuestra Iglesia y de nuestra comunidad. Y ellos sí quieren ver a Jesús. Nosotros somos llamados a ser catalizadores para que esto sea posible.
Rubén Darío (1867 – 1916), fue un poeta nacido en Metagalpa, Nicaragua, y escribió el famoso poema titulado “Canción de otoño a primavera”. Probablemente muchos de nosotros lo conocemos más por la frase: “Juventud, divino tesoro”.
Ayudémosle a nuestra “juventud, divino tesoro” a que se dejen mirar por los ojos de Jesús, “para que crezca en ellos el deseo de ver la Luz, de gustar el esplendor de la Verdad.” |