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El Obispo Wenski - Artículos

El Obispo Thomas Grady - Abril 2007

Hace cinco años, el 21 de Abril del año 2002, el Obispo Tomás Grady entró a la Vida Eterna.  El fue el segundo Obispo de esta Iglesia local.  Sirvió bien al pueblo de la Florida Central – no sólo durante sus 15 años como Ordinario de esta Diócesis, desde Diciembre del 1974 hasta Mayo del 1990, sino que también durante su retiro, marcado por enfermedades físicas, continuó sirviéndonos por medio de la ofrenda de su sufrimiento y de su dolor.

Antes de convertirse en Obispo, sirviendo primero como Obispo Auxiliar de Chicago,  dirigió el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington, D.C.  María jugó un papel importante en su  vida – como debía hacerlo en la de cada uno de nosotros.  María es el primer discípulo.  Como cristiano, Tomás Grady, al igual que cada uno de nosotros, fue llamado primero a repetir el incondicional “sí” a Dios de María, mucho antes de ser llamado al Obispado.

La Iglesia es jerárquica – y aquéllos que ejercen en una oficina apostólica por medio del Orden Sagrado, tienen un papel indispensable enseñando, gobernando y santificando al Pueblo de Dios.  Escribiéndole a Tito, San Pablo define con estas palabras una regla de conducta para todos los que comparten en las “estructuras jerárquicas” de la Iglesia.  “Tú mismo serás un ejemplo para ellos cuando vean tu conducta, tu enseñanza desinteresada, tu honradez, tu predicación sana e intachable.  Con esto los de fuera no encontrarán cosa alguna que criticar, y más bien se sentirán avergonzados”. (Tito 2:7-8).

Mas el apostolado presume ser discípulos: es decir, antes de que podamos ser apóstoles creíbles, necesitamos ser discípulos dedicados.  Durante los tres años que Jesús caminó con sus apóstoles, formándolos para su futuro ministerio, les pidió que rompieran de una manera radical con los valores que este mundo caído estima:  la auto exaltación, la indulgencia carnal, la riqueza mundana.  Y al enfrentarnos con estas tentaciones fundamentales, ¿no es María nuestro modelo?

Y así la Iglesia está llamada produnda y fundamentalmente a ser Mariana.  Su fiat, su “sí”, tiene que ser el común denominador de todos los fieles, y tiene que preceder cualquier otro papel en la Iglesia.  Lo que el Concilio Vaticano II llamó la Vocación Universal de todos los fieles a la santidad, es simplemente nuestra  vocación a ser como María, a decirle “sí” a Dios, a caminar por el camino hacia el apostolado.  El fiat de María define su cooperación sacrificada con el plan de salvación de Dios.      

Justo hace dos semanas, fijamos nuestra mirada en el Señor crucificado.  En la lectura de la Pasión del Viernes Santo, encontramos a Juan, “el discípulo amado”, y a María, la Madre de Jesús.  El evangelista relata que Jesús los confió el uno al otro:  “¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!  ¡.... Ahí tienes a tu Madre!”  (Jn 19:26-27).  Durante su vida como sacerdote y como Obispo, el Obispo Grady tomó esas palabras del moribundo Jesús muy en serio.  Al igual que Juan, el evangelista, él rambién aceptó a María en su casa.   

San Agustín, el Obispo de Hipona, le recordaba a sus fieles:  “... con ustedes, soy un cristiano; por ustedes soy un Obispo”.  Estas palabras también describen al Obispo Tomás Grady – un sucesor de los apóstoles, de seguro; pero siempre un hermano

discípulo con el pueblo de Dios.  Por medio de la intercesión de María, él fue tanto un discípulo dedicado como un apóstol creíble.  Concédele el Descanso Eterno, O Señor.

 


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