En Limbo - Bebés Sin Bautismo y Nuestra Esperanza de que se Salven - Abril 2007
Con frecuencia, la Iglesia Católica ha determinado solemnemente que una u otra persona está en el Cielo. La canonización de un santo – una declaración formal de que alguien de hecho disfruta la visión de Dios – es una de las pocas veces en que el Papa ejerce su carisma de infalibilidad. Sin embargo, la Iglesia nunca ha hecho una afirmación formal de que un ser humano en particular está de hecho en el infierno. La Iglesia nunca ha dicho que Judas Iscariote se encuentra entre los condenados - aunque el mismo Jesús ha dicho que hubiera sido mejor que no hubiera nacido. Mientras que reconoce la existencia del infierno y la posibilidad de que un individuo se condene, la Iglesia siempre ha esperado que, debido al poder de la Divina Misericordia de Dios, puede ser que el infierno se encuentre vacío.
Esta falta de deseo de consignar a alguien a las llamas del infierno, es lo que hace surgir entre los teólogos medioevales la hipótesis del “Limbo de bebés”, entendido como un lugar de descanso para bebés que han muerto sin la gracia santificante del Bautismo. Aunque esta hipótesis teológica nunca fue formalmente aceptada como un artículo de fe o como un dogma para ser definitivamente mantenido, la misma disfrutó un amplio favor en la Iglesia hasta en tiempos recientes. Todos los seres humanos han heredado el pecado original, y por tanto necesitan la salvación que viene de Cristo. Para la difícil cuestión del destino de los niños no-bautizados, la idea del Limbo les ofreció a estos teólogos una reconciliación plausible entre su entendimiento de la justicia de Dios y Su misericordia. Así, los escolásticos medioevales mantuvieron que mientras los bebés están privados de la visión de Dios, ellos no sienten ningún dolor y disfrutan una felicidad natural plena por medio de su unión con Dios en todos los bienes naturales.
El 20 de Abril, el Papa Benedicto XVI autorizó la publicación del reporte de la Comisión Teológica Internacional sobre la cuestión del Limbo. El Papa había solicitado este reporte debido a que la cuestión del destino de tales bebés ha surgido en años recientes con nueva urgencia. Los medios de publicidad secular cubrieron la publicación de este reporte como que el Vaticano está aboliendo el Limbo”. Esta no fue una evaluación muy bien matizada de lo que el reporte dice realmente. Lo que dijo, sin embargo, fue que la hipótesis teológica del “limbo” parecía estar basada en una visión indebidamente restringida de la salvación. Como afirmó el Segundo Concilio Vaticano: “…Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual”. (Gaudium et Spes 22)
Nadie se salva separado de Cristo y de la gracia del Espíritu Santo en su vida. Y mientras afirmamos la necesidad del Bautismo – porque normalmente nuestra configuración en Cristo tiene lugar por medio del Bautismo Sacramental – no podemos disminuir la gratificación de Dios, por medio de la cual El podría cumplir Su deseo que todos los hombres obtengan la visión de Dios. Parafraseando a San Agustín, mientras nosotros necesitamos los Sacramentos para ser salvados, Dios no los necesita para salvarnos.
El Catecismo de la Iglesia Católica explica: “En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: ‘Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis’, nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo”. (CIC 1261)
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