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El Obispo Wenski - Artículos

La Crisis del Abuso Sexual Perpetrado por Clérigos - Agosto 2007

Por unos cinco años – desde que el Boston Globe hizo pública la historia del escándalo del abuso sexual perpetrado por clérigos – no ha faltado la brutalmente desfavorable – y con frecuencia patentemente injusta – cobertura de la Iglesia por los medios de comunicación.  Por supuesto, algunos sienten que la Iglesia Católica está recibiendo su merecido por sus fallos anteriores en tratar de manera efectiva la cuestión del abuso sexual de niños en su medio.  Mas tal Schadenfreude hace muy poco por reconocer los pasos la Iglesia Católica ha tomado para prevenir futuros acontecimientos, y tampoco ayuda a las personas a reconocer que el abuso sexual de jóvenes y niños es un problema extendido en la sociedad, y no solamente un problema de la Iglesia Católica o de los sacerdotes.

A pesar de que un caso de abuso es demasiado, y los sacerdotes están (y deben estar) obligados a un estándar más elevado, los números de predadores encontrados en las filas del clero católico fueron pocos al ser comparado con el número total de sacerdotes sirviendo fielmente durante este mismo período de tiempo.  Desafortunadamente, el número de los abusados por el clero – una terrible tragedia en sí misma – es solamente un pequeño subconjunto del número total de niños abusados sexualmente por adultos.

Por ejemplo, en el 2004, un estudio del Departamento de Educación de los Estados Unidos estimó que unos 290,000 estudiantes experimentaron alguna forma de abuso sexual a manos de empleados de escuelas públicas en sólo una década (1991-2000).  Según este mismo estudio, casi el 10% de los estudiantes de las escuelas públicas de los Estados Unidos han sido el blanco de la indeseada atención sexual de empleados de las escuelas.

La Associated Press (Prensa Asociada) también reportó recientemente que las tres compañías de seguro que cubren la mayoría de las denominaciones protestantes en los Estados Unidos, reciben cada año unos 260 reportes de menores abusados por el clero, el personal y otros miembros de la iglesia.  El número de casos de abusos sexuales entre las denominaciones protestantes ha sido en gran medida desconocido hasta la fecha – en gran parte, debido a la falta de jerarquía y de estructuras de reporte.  No obstante, su número parece dejar atrás las acusaciones en contra del clero católico.

Hoy, avergonzada por su fallo de no haber actuado más pronta y decisivamente en contra de los predadores en su medio, la Iglesia ha pagado un alto precio; mas también hoy,  la Iglesia Católica de los Estados Unidos está dirigiendo el camino para asegurar la protección de menores.  A todos los empleados y voluntarios de la Iglesia – y no sólo al clero – que trabajan con menores les son tomadas las huellas digitales y sus antecedentes son investigados.  Programas de Seguridad de los niños han sido implementados en nuestras escuelas y en nuestros programas para jóvenes.  Desde el 2003, unas 6 millones de personas – tanto clérigos como laicos – han pasado por un entrenamiento de seguridad para los niños para trabajar en parroquias.  Durante este mismo marco de tiempo, más de 1.6 millones de adultos, trabajando directamente con niños en la Iglesia Católica, han sido sometido a una investigación de sus antecedentes.  Hoy día, ninguna otra institución en la sociedad americana tiene la protección de los menores como su más alta prioridad.

Aunque algunas víctimas sean comprensiblemente desconfiadas, se ha realizado un progreso innegable en las diócesis católicas en todos los Estados Unidos.  Philip Jenkins, el profesor de Penn State y experto en abuso sexual de jóvenes (y quien no es católico) declara: “Definitivamente, desde finales de los 80 a principios de los 90, la mayoría de las diócesis católicas ha desarrollado políticas rigurosas, y muy, muy pocos casos están saliendo a la luz después del 1990”.  La política de Cero Tolerancia, adoptada por los Obispos en Dallas en el 2002, continúa en efecto: aquéllos creíblemente acusados son removidos permanentemente del ministerio.

Ningún sistema es perfecto – y por lo tanto, siempre tendremos que continuar siendo vigilantes.  La Carta de Dallas del 2002 es nuestra promesa de que los líderes de la Iglesia Católica siguen siendo muy serios acerca de la protección de los jóvenes del abuso sexual, rampante en la sociedad de los Estados Unidos.  Esto, por supuesto, no es tan sólo la responsabilidad de los Obispos; es la responsabilidad de cada uno de nosotros.

 


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