Los Díes Mandamientos - Octubre 2007
Hace algunos años, Ted Koppel, famoso por el programa noticiero “Nightline”, se dirigió a los graduados de una universidad prestigiosa de los Estados Unidos. Siendo un judío práctico, les recordó a los que estaban a punto de convertirse en graduados que los Diez Mandamientos eran simplemente eso – y no Diez Sugerencias meramente. No sea que alguien diga que él estaba tratando de imponer un punto de vista religioso, es importante notar que aunque los Mandamientos son en verdad fundamentales a nuestra herencia religiosa judío-cristiana, son aplicables universalmente – ya que le dan expresión a esa ley moral que está escrita en el corazón humano. Así, el proyecto humano, como Koppel estaba tratando de señalarles a esos graduados de una universidad bastante secularizada, no se trata de determinar si lo que yo siento o pienso es bueno o malo, sino de vivir mi vida en conformidad con normas morales objetivas.
Y es justo en esta encrucijada que la crisis de nuestra era está produciéndose - ¿están las reglas de la vida disponibles de modo que cada generación o cada cultura es libre de “construir” lo que es “verdadero” para ellos, o hay algo – o mejor aún – Alguien más allá de nosotros mismos a quien tenemos que rendirle cuentas? Como criaturas, ¿no depende nuestro florecer como seres humanos de nuestro vivir dentro del designio impuesto por nuestra calidad de criaturas? ¿Podemos realmente “tenerlo a nuestro modo” como dice un jingle publicitario de hamburguesas?
Existe una “ley natural” conocida de toda razón humana y escrita en el corazón humano. Aún sin la ayuda de la Revelación Divina, no podemos dejar de reconocer que existe lo bueno y lo malo. En otras palabras, no podemos dejar de reconocer que robar o matar o mentir o el adulterio es malo. Por supuesto, el pecado nubla la razón humana – y debilita la voluntad. La vida moral significa aprender a decir no a la envidia, a la ira, a la lujuria, etc. – porque en ceder a estas pasiones, seguramente transgrediremos esos Mandamientos que nos dicen que no robemos, o matemos, o cometamos adulterio. Y como tenemos una naturaleza humana fallida, y por lo tanto no podemos salvarnos a nosotros mismos, necesitamos la gracia de Dios si nuestra vida ha de estar en plena conformidad con la ley moral.
En efecto, los Mandamientos no son meras “sugerencias”. Pero son más que “prohibiciones” que limitan la libertad humana. Hoy día, con mucha frecuencia se define la libertad como hacer lo que yo quiero, lo que tengo ganas de hacer. Pensamos en la libertad como libertad para crear reglas de vida. Y así, nuestra cultura habla de la “libertad para escoger”, la cual se supone que le gane a las demandas que el prójimo pueda hacer de nuestra libertad. Sin embargo, los Mandamientos, lejos de limitar la libertad humana, la hacen posible. Tiger Woods es un gran jugador de golf – no porque él siente que puede crear reglas para el juego en lo que sigue adelante. Su talento es liberado – no constreñido – por su obediencia de las reglas del golf.
Más que una lista de “lo negativo”, los Mandamientos también son un “sí” positivo a la libertad y al florecimiento humanos. Como el Papa Benedicto XVI dijo a principios del año pasado: Los 10 Mandamientos “son un "sí" a un Dios que da sentido al vivir (los tres primeros mandamientos); un "sí" a la familia (cuarto mandamiento); un "sí" a la vida (quinto mandamiento); un "sí" al amor responsable (sexto mandamiento); un "sí" a la solidaridad, a la responsabilidad social, a la justicia (séptimo mandamiento); un "sí" a la verdad (octavo mandamiento); un "sí" al respeto del otro y de lo que le pertenece (noveno y décimo mandamientos).” (Enero 8, 2006). |