Familia Humana, Comunidad de Paz - Diciembre 2007
En su mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz (el primero de enero 2008), el Papa Benedicto XVI nos hace recordar que los hombres experimentan algunos elementos esenciales de la paz en una vida familiar “sana”. Estos elementos son, según el Papa, “la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo.”
Por eso, afirma el Papa, la familia ha de ser “la primera e insustituible educadora de la paz” La sociedad no puede prescindir de este “servicio” prestado por la familia natural fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer. Como “cuna de la vida y del amor” la familia es el “lugar primario de ‘humanización’ de la persona y de la sociedad.”
Todo lo que debilita la familia – la falta de un matrimonio estable, carencia de vivienda o de empleo con un salario justo, o insuficiencias escolares para los hijos – hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea todavía mas frágil. Nuestras cortes, colegios y agencias policiales son testigos de cómo los problemas dentro de la familia pronto se vuelven problemas que afectan toda la sociedad. Todos sabemos que, detrás de muchos problemas, hay una familia rota o inexistente y, al contrario, detrás de muchas grandes obras, hay una familia fuerte. Cuanto mas fuerte sea la realidad familiar, mejor estará la sociedad. De hecho, la familia es la principal “agencia” de la paz.
Por lo tanto, el Papa destaca que “(L)a comunidad social, para vivir en paz, está llamada a inspirarse también en los valores sobre los que se rige la comunidad familiar”. Una familia es más que una agrupación de individuos – es una comunidad y su prosperidad depende del consenso generoso de todos sus miembros. “Esto es válido”, insiste el Papa, “tanto para las comunidades locales como para las nacionales; más aun, es válido para la comunidad misma de los pueblos, para la familia humana, que vive en esta casa común que es la tierra.” En un mundo cada día mas globalizado, hace falta que nos demos cuenta de que todos somos miembros de una familia humana. Para construir una humanidad “pacífica”, es necesario que cada uno reconozca el valor incondicionado de todo ser humano. “Hay que fomentar relaciones correctas y sinceras entre los individuos y entre los pueblos que permitan a todos colaborar en plan de igualdad y justicia.” Así, en la familia natural tal como la familia humana, “se tiene una autentica experiencia de paz cuando a nadie le falta lo necesario, y el patrimonio familiar – fruto del trabajo de unos, del ahorro de otros y de la colaboración activa de todos – se administra correctamente con solidaridad, sin excesos ni despilfarro.”
Comenzamos un año nuevo; pero todavía nos retan los problemas de siempre El Señor nos llama a cada uno de nosotros a que trabajemos por la paz (Mateo 5: 9). ¿Dónde empezar? Falta la paz en Irak y el Medio Oriente; los conflictos en África siguen sin alivio; la pobreza aumenta en muchos países del Sur con más ferocidad que nunca; y el medio ambiente – el patrimonio de las futuras generaciones – sigue amenazado por elevados niveles de consumo. Parece que el Papa nos dice que cada uno puede y debe trabajar por la paz - pero hay que empezar construyéndola en su propio hogar. |