La Epifanía - Enero 2008
El Evangelio no nos dice cuántos Reyes Magos habían. La tradición piadosa dice que tres; mas considerando cómo las Narraciones de la Infancia han sido deconstruidas y reconstruidas por los estudiosos, utilizando el método de la crítica literaria-histórica, no deben sorprenderse de que alguien diga que los Magos ni siquiera eran hombres.
Después de todo, ellos se detuvieron en Jerusalén para pedirle a Herodes que les diera indicaciones, y ¿qué hombre hace eso?
De todos modos, Mateo es el único de los cuatro evangelistas que cuenta esta historia, y surge la pregunta: ¿qué significa? Podemos tener la sensación de que Mateo está tratando de decirnos una verdad maravillosa, que está revelándonos algún evento secreto, que está tratando de que participemos en una buena nueva. Mateo habla en el lenguaje de la poesía y la metáfora, pero para que el significado de esta historia no nos eluda, en la segunda lectura de hoy, San Pablo habla en una prosa sencilla: “Por una revelación se me dio a conocer su proyecto misterioso... Este misterio no se dio a conocer a los hombres en tiempos pasados ... en Cristo Jesús los pueblos paganos son herederos, forman un mismo cuerpo y comparten la promesa”.
Ese es el sencillo significado de esta historia. Jesús es para todos los pueblos. No es la propiedad exclusiva de ninguna raza, tribu o nación. Esta semana, observamos la Semana Nacional de Migración en muchas parroquias en los Estados Unidos. Es un momento difícil para que las parroquias o las escuelas le hagan justicia a esta semana – por estar tan cerca de la Navidad. Pero la Epifanía es ciertamente un momento sumamente apropiado para mencionar y honrar la diversidad de nuestra nación y de nuestra Iglesia. El tema de este año es, “De muchos, una Familia de Dios”. Y dada la severa y divisiva retórica que ha rodeado la cuestión de la inmigración en meses recientes, es en verdad un tema oportuno. Si Cristo ha venido para hacernos hijos adoptivos de Su Padre, entonces, en ese mismo Cristo, somos hermanos y hermanas unos de otros, sin tomar en cuenta nuestra raza, nuestra clase social o nuestra estación en la vida.
La palabra epifanía en si misma viene de una palabra griega que significa revelación o manifestación. Hoy, Jesús se manifiesta (o revela) como el Redentor de toda la humanidad. Su salvación es entonces – para utilizar otra palabra griega - verdaderamente una salvación “católica”. Si la salvación traída por Cristo es una salvación católica – o universal – entonces la Iglesia fundada por El para ser el heraldo de esta salvación tiene necesariamente que ser también “católica”.
Un autor irlandés, James Joyce, dijo una vez de la Iglesia Católica – y no necesariamente lo quiso decir como un elogio: La Iglesia Católica significa “aquí viene todo el mundo”. Desde el primer concilio de la Iglesia, el Concilio de Jerusalén (del cual pueden leer en los Hechos de los Apóstoles), se decidió que el alcance de la Iglesia sería verdaderamente universal. No era necesario hacerse judío – y seguir todas las leyes judías – para ser cristiano. Se abrazó la diversidad de culturas – y hoy al celebrar la Semana Nacional de la Migración, deseamos celebrar esa diversidad – porque en la Iglesia y en la sociedad la diversidad no divide a la familia humana. Esta diversidad puede y debe enriquecernos. Solamente el pecado divide.
Entonces, ser católico significa abrazar la verdad completa revelada por Cristo y transmitida por medio de Su Iglesia. Debemos ser plenamente católicos en nuestra doctrina; mas también debemos luchar para asegurarnos de que nuestra Iglesia sea plenamente católica, abrazando a toda la familia humana con toda su diversidad de idiomas, culturas y razas. En otras palabras, para ser un buen católico, Jesús no nos pide que cambiemos nuestro idioma, nuestra cultura, el color de nuestra piel – aún si esto fuese posible. Para ser un buen católico Jesús simplemente nos pide que cambiemos nuestro corazón y así vivamos una vida que esté de acuerdo con el mensaje de Su Evangelio.
Aquí en esta Diócesis estamos bendecidos con una gran diversidad étnica: aquí en la Florida Central uno puede encontrar la Misa celebrada en nueve idiomas distintos, incluyendo el latín. Muy parecido a la manera en que Jesús se hizo carne – y anduvo entre las ovejas perdidas de Israel como un hombre judío, hoy la Iglesia tiene que tomar la carne de aquéllos con quienes camina. Si Dios es el Padre de todos – entonces todos los hijos de Dios deben sentirse como en su casa en la casa de su Padre, que es la Iglesia. Y la mejor manera de hacer eso es hablar la lengua materna. Como me aconsejó el cubano Obispo Auxiliar de Miami cuando empecé mi labor entre los haitianos: si quieres que alguien camine contigo, asegúrate de que tenga zapatos cómodos.
Algunas veces, esta diversidad nos puede hacer sentir incómodos. (En la lectura del Evangelio, el Rey Herodes se sintió verdaderamente incómodo porque su estrella no era la única que brillaba en el cielo de la noche). Pero como James Joyce indicó al decir que la “Iglesia Católica significa aquí viene todo el mundo”, esto es parte de nuestra experiencia católica. Y lo que nos hace católicos no es un idioma en común o una herencia étnica en común, sino un corazón común unido en Cristo Jesús.
Este año celebramos nuestro 40o aniversario como Diócesis. En nuestro Festival de la Fe, que tendrá lugar en el Centro de Convenciones de Orlando a principios de Mayo, de ciertamente nuestra diversidad estará en exhibición. Pero más importante aún, como este año es un Año de Evangelización, lo que va a estar en exhibición es nuestra unidad en Cristo – una unidad alcanzada no por el mismo idioma sino por la misma mente y el mismo corazón – el de Jesucristo.
Los Reyes Magos habrán tenido que detenerse y pedir indicaciones, pero ellos nos señalan la dirección correcta. Habiendo encontrado a Cristo Niño, el Evangelio nos dice regresaron a su hogar por otro camino. Nuestro encuentro con Cristo también nos estimula a seguir otro camino, el camino de la conversión, el camino de la comunión, el camino de la solidaridad.
Hoy, nuestra Bendición Solemne nos recuerda:
Porque son seguidores de Cristo,
quien apareció este día como una luz brillando en las tinieblas,
que El los haga una luz para todos sus hermanos y hermanas.
Sí, ésta es nuestra misión,
ésta es nuestra visión,
ésta es nuestra vocación como católicos aquí en la Florida Central, en éste nuestro 40º |