Inmigración - Febrero 2008
Uno de los aspectos más perturbadores de la campaña presidencial ha sido los punzantes ataques a los inmigrantes indocumentados por parte de algunos de los candidatos. Al ponerles la etiqueta de “ilegales” los candidatos usan a los inmigrantes como chivos expiatorios de problemas mayores que afectan a nuestro país: una economía lenta, un sistema inadecuado de cuidado de la salud, una guerra impopular y muy particularmente un sistema de inmigración hecho trizas. Tal discurso populista pudiera obtener algunos votos marginales pero augura malas decisiones sobre políticas parecidas en el futuro.
La inmigración ha sido parte de la historia de nuestro estado mucho antes de convertirse en un asunto de interés en el escenario nacional. No hay dudas de que ha habido baches en el camino pero hoy día la Florida es uno de estados con mayor diversidad étnica en la nación. Los inmigrantes han aportado y siguen aportando a la prosperidad del estado en todos los aspectos de su economía. Y por ello, los floridanos deberían exigirle a los candidatos que hablen con los hechos y las cifras y no sólo retóricamente. Por ejemplo, los floridanos oyen que la inmigración ilegal está descontrolada y que se debe frenar. Pudiera ser cierto que unos 500,000 inmigrantes entran a los Estados Unidos anualmente, sin documentación o que se quedan después de que se vence la fecha de sus visas. Pero esto solamente destaca lo que los voceros de los inmigrantes han venido diciendo: el sistema está roto. Lo que los floridanos no oyen es que en el curso de seis meses cerca del 90 % de estos inmigrantes encuentran trabajo. Lo que no se le dice a los floridanos es que solamente se conceden 5,000 visas permanentes cada año para que trabajadores sin destrezas vengan a los Estados Unidos.
Es decir, existe una demanda de mano de obra extranjera junto a una severa carencia de visas legales para que estos trabajadores entren con legalidad y seguridad. Lo que algunos candidatos proponen para aplicar rigurosamente las leyes y “expulsarlos a todos” desconoce este hecho vital y no ofrece soluciones para las empresas que dependen de esta fuerza de trabajo.
La ofuscación o confusión también predominan cuando se discute la cuestión de la “amnistía.” Lo que los candidatos no dicen es que las propuestas legislativas en el Congreso estadounidense no ofrecían “amnistía.” Ni tampoco lo hizo la Propuesta McCain-Kennedy del 2006. Ni el intento “de gran acuerdo” fallido de Mel Martínez el año pasado. Ninguno de estos proyectos legislativos fueron “amnistías.” Dichas propuestas legislativas exigían, entre otras cosas, el pago de multas e impuestos previos no abonados y el aprender el inglés. Todo esto antes que el inmigrante indocumentado pudiese sumarse a la cola de la fila de los que solicitan un estatus migratorio legal y permanente. La última y verdadera amnistía concedida a los inmigrantes fue la Ley firmada por el Presidente Reagan en 1986 hace más de 20 años.
Es más, al mismo tiempo, algunos de los candidatos sólo ofrecen la deportación como respuesta al problema de 12 millones de indocumentados en nuestro país. No se dan cuenta que deportar a toda esta gente, o bien sacándola del país o por desgaste, es algo totalmente irreal. Estos millones de personas han trabajado duro en tareas que otros no hubiesen llevado a cabo. ¿Es que los candidatos no pueden reconocer la equidad del sudor de los inmigrantes, para darles la oportunidad de obtener la residencia permanente, por medio de una legislación verdaderamente abarcadoraque también respondiera a los mejores intereses de la nación?
Los candidatos de ambos partidos, por lo general, han evadido el tratar seriamente la cuestión inmigratoria. La falta de acción por parte del Congreso el año pasado sigue generando un debate divisivo y agrio. El alimentar sentimientos neo-nativistas, como lo han hecho algunos candidatos, no sirve el interés público, lo que debiera ser la motivación de los que ambicionan ocupar puestos públicos.
Del lado Republicano ha habido intercambios de ácida retórica disfrazada de debate sobre las políticas a seguir. Hasta ahora, solamente un candidato ha tenido las agallas de no participar en el juego del chivo expiatorio y correctamente se ha referido a los inmigrantes como “hijos de Dios.” Del lado Demócrata, los candidatos no han sido “Perfiles de Coraje” {gente valiente}al respecto. Han dado débiles señales de apoyo a la necesidad de una reforma inmigratoria abarcadora y poco han hecho para educar al electorado sobre la necesidad de dicha legislación.
Al acercarse las primarias en la Florida, los candidatos presidenciales tienen una oportunidad para iluminar, en lugar de la retórica ofensiva y candente, la reforma inmigratoria.
Como floridanos, deberíamos exigir un diálogo constructivo sobre tan importante problema nacional que es de vital urgencia para nuestro estado. La retórica áspera que demoniza a los inmigrantes y que no ofrece soluciones concretas al sistema inoperante de inmigración, no debía tolerarse –pertenece a otra época menos informada e iluminada cuando tales tácticas fueron parte del escenario político sureño--. Que los políticos a nivel nacional que buscan votos floridanos fallen al no reconocer esta problemática muestra una fundamental falta de respeto hacia el pueblo compasivo de nuestro gran estado. |