Page Title

Nuestra Diócesis | El Obispo Wenski | El Obispo Dorsey | Parroquias | Historia | Estadísticas | Archivista

El Obispo Wenski - Artículos

Cuaresma - Febrero 2008

Moisés sacó a los hebreos de la esclavitud en Egipto y los guió a la Tierra Prometida.  Deambularon por el desierto durante 40 años.  Simbólicamente, observamos la Cuaresma durante 40 días; pero si vivimos su espíritu de una manera fructífera, ésta debe ser un Éxodo también para nosotros, ya que la Cuaresma nos reta a salirnos de nosotros mismos para que podamos abrirnos – con abandono y confianza – al abrazo misericordioso de nuestro amoroso y misericordioso Padre.

Igualmente, observar la Cuaresma de una manera fructífera nos ayudaría a abrirnos al prójimo en su necesidad, de modo que, habiendo experimentado la misericordia de Dios, aprendamos a ser misericordiosos.  Por lo tanto, la Cuaresma es un llamado para que nosotros, que nos hemos vuelto demasiado egocéntricos, demasiado envueltos en nosotros mismos, nos centremos más en Cristo y estemos más conscientes de Cristo.  Así como el Papa Benedicto escribió en su mensaje anual de Cuaresma, la Cuaresma “nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos”.

Nuestra jornada cuaresmal es un memorial a nuestro Bautismo.  En el Bautismo pasamos de la muerte hacia la vida, de la esclavitud a la libertad, del “Egipto” de este mundo a la Tierra Prometida del Reino de Dios.  Haber buscado el Bautismo fue haber buscado hacernos santos.  Por este motivo, en el Domingo de Resurrección seremos llamados a renovar nuestras Promesas Bautismales.

Renovar nuestras promesas bautismales significa volver a comprometernos a esa búsqueda de la santidad, lo cual debe ser lo que nuestra vida en Cristo significa para nosotros como cristianos, como católicos.  Si buscamos la santidad, como nos recordó el Papa Juan Pablo II, entonces “sería una contradicción que nos conformáramos con una vida de mediocridad marcada por una ética minimalista y una religiosidad superficial”.

La Cuaresma puede ayudarnos a entender y a apreciar lo que esa renovación de las Promesas Bautismales realmente debe significar para nosotros.  Con ese fin, la Iglesia nos propone algunas tareas específicas durante estos 40 días: orar, ayunar y dar limosnas.  Y yo diría que estas tres tareas son como las patas de una banqueta de tres patas: nuestra observación de la Cuaresma tiene que estar firme sobre las tres patas.  Por medio de estas tareas específicas en nuestra observancia de la Cuaresma, es decir, por medio de la oración, del ayuno y de dar limosnas, estas observancias cuaresmales especiales, hemos de trabajar para resolver “esas contradicciones” de nuestra vida que nos distraen de la búsqueda de la santidad.

Tenemos que orar – porque toda relación solamente crece por medio de la comunicación.  Nuestra amistad con Dios se enfriará si no hablamos con El en el diálogo que es la oración; tenemos que ayunar, porque antes de poder decir “sí” a algo o a alguien, debemos poder decir “no” a nosotros mismos, de otra manera nuestros apetitos derrotarán todas nuestras buenas intenciones. Y tenemos que dar limosnas, aún cuando, quizás especialmente cuando, los pronósticos económicos sean un poco nebulosos.  Dar limosna es una manera específica de ayudar a los necesitados – quienes son más afectados que nosotros por los bajones de la economía.  Es también un medio de auto negación, liberándonos del apego a los bienes mundanos: no somos los dueños, sino solamente los administradores de los bienes que poseemos.  Nuestro Llamado Católico, que tiene lugar cada año durante la Cuaresma, es una manera por medio de la cual nuestras limosnas pueden ser distribuidas.  El Llamado mantiene las muchas buenas obras de nuestra Iglesia Diocesana – y apoyar Nuestro Llamado Católico debe ser parte de nuestra observancia Cuaresmal.  

Diciendo “No” a nosotros mismos por medio de alguna clase de ayuno y de limosna durante la Cuaresma, diciendo “No” a los hábitos pecaminosos, yendo a Confesión esta Cuaresma, nos ayuda a decir “Sí” a Dios, “Sí” a Su misericordia y a Su compasión, “Sí” a Su plan para nuestra vida – que es que seamos liberados de la esclavitud del pecado y recibamos la promesa de la nueva vida de gracia.

A través de nuestro éxodo Cuaresmal, miremos atentamente a Cristo clavado en la cruz.  Es en la cruz, en Su “Sí” a Su Padre, que Jesús nos revela en toda su plenitud el poder de la misericordia y del amor de nuestro Padre Celestial.  Su cruz sigue siendo el único camino para nosotros sobrepasar y adentrarnos en el misterio de esta misericordia y de este amor – porque es solamente por medio de El, con El y en El, gracias al agua y a la sangre que fluyeron de Su costado, que somos reconciliados y que nuestros pecados son perdonados.

 


HOME | NUESTRA DIÓCESIS | NOTICIAS e INFORMACIÓN | MINISTERIO HISPANO | ORACIONES y SAGRADAS ESCRITURAS
CLERO y RELIGIOSOS | SERVICIOS | EDUCACIÓN | TRIBUNAL MATRIMONIAL | PROGRAMAS de ALCANCE SOCIAL
CORRESPONSABILIDAD | MEDIOS AUDIOVISUALES | CULTO | RECURSOS HUMANOS | CONTACTOS