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El Obispo Wenski - Artículos

St. Faustina - Marzo 2008

“Jesús, Confío en Ti.”

En el año 2000, el Papa Juan Palo II canonizó al primer santo del nuevo milenio, la Santa Faustina Kowalska, apóstol de la devoción de la Divina Misericordia.  La canonización tuvo lugar el Segundo Domingo de Pascua y, luego de la ceremonia, el Santo Padre indicó que de ahí en adelante el último día de la Octava de la Pascua sería designado Domingo de la Divina Providencia.  Esta designación es, al igual que el decreto oficial de la Congregación del Culto Divino dice, “… una invitación perenne a que el mundo cristiano le haga frente con confianza en la divina benevolencia, a las dificultades y a las pruebas que la humanidad experimentará en los años por venir”.

La Hermana Faustina fue una monja sencilla en Polonia.  Durante la primera mitad del siglo 20º, tuvo una serie de experiencias místicas en las que recibió un número de revelaciones que han dado lugar a esta creciente devoción popular.  En su Diario, ella escribió cómo escucho a Jesús pedirle “…  cuéntale a todo el mundo sobre Mi inconcebible misericordia… No dejes que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como la escarlata…. La humanidad no tendrá paz hasta que se vuelva a la Fuente de Mi Misericordia”. (Diario 699)                                 

Los textos litúrgicos de hoy día son perfectamente apropiados para este fin.  El Evangelio nos habla de la aparición del Señor Resucitado a Sus apóstoles quienes, debido a sus temores, se habían escondido detrás de las puertas cerradas de la Habitación en el Piso Superior, donde habían compartido Su Ultima Cena.  El regalo de Pascua de Jesús a Sus asustados apóstoles fue “la paz” – y, después, les dio poder para ser apaciguadores, concediéndoles la autoridad de perdonar todos los pecados de los cuales se hayan arrepentido.
“Aquéllos cuyos pecados habrán de perdonar, serán perdonados”.  Jesús mostró Su poder sobre el pecado y la muerte no sólo cuando resucitó de la tumba el Domingo de Resurrección, sino que también mostró Su poder resucitándonos a nosotros de la muerte del pecado por medio del Sacramento de la Penitencia, el tribunal de Su Divina Misericordia. 

La Fiesta de la Divina Misericordia – y la devoción popular de la corona asociada con ella – nos ayudan profundizar en el Misterio Pascual de la Muerte y Resurrección del Señor y destaca la primacía de la gracia en la historia de nuestra salvación.  La salvación no es algo que “ganamos”, es completamente un regalo, un regalo otorgado por el amor incansable de Dios.  Como nos recuerda la imagen de la Divina Misericordia, pintada según las instrucciones de Santa Faustina, la misericordia de Dios es más que una idea abstracta.  La misericordia de Dios tiene un nombre, la misericordia de Dios tiene un rostro: el nombre y el rostro es el de Jesucristo, quien nos amó “hasta el fin”.  Aún en Su estado resucitado, el cuerpo humano del Hijo de Dios tiene las cicatrices de Su pasión y muerte como testimonio de la plenitud de Su amor por nosotros.

No hay pecado, ni ofensa, ni acto depravado que esté más allá del poder de Su amor, de Su misericordia.  Jezu, ufam tobie, Jesús, confío en Ti.  Con esa confianza, buscamos esa
Misericordia en el Sacramento de la Penitencia, el regalo de Pascua de Jesús a Su Iglesia.  Su misericordia nos restaura a la vida, liberándonos de la tumba de nuestra piedad y de nuestro odio por nosotros mismos, de nuestros resentimientos y de nuestros rencores.  Por Su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y de todo el mundo”.

 


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