Honores Papales y Diocesanos - Abril 2008
El 9 de Mayo, siete sacerdotes serán honrados con el título de “Monseñor” durante una celebración especial en nuestro Festival de la Fe en el Centro de Convenciones del Condado Orange. A ellos se unirán 100 miembros de nuestro laicado, quienes también recibirán honores Papales o Diocesanos durante esta celebración que conmemora el 40º aniversario de nuestra Diócesis.
Que estos honores lleguen tan pronto luego de la visita del Santo Padre a los Estados Unidos es especialmente apropiado. Honrando a estos sacerdotes y a estos miembros de los fieles de Cristo, el Papa reconoce a todos los católicos de la Diócesis. Aunque él no visitó a Orlando cuando vino a los Estados Unidos, estos honores constituyen una manera de expresar su cercanía a esta Iglesia local y nos brinda a nosotros, como Iglesia Diocesana, la oportunidad para expresarle nuestro afecto y nuestra lealtad al hombre que camina en los zapatos del Pescador. Ubi Petrus, ibi Ecclesia, Donde está Pedro, está la Iglesia, siempre ha sido una expresión de nuestra Fe Católica. El Papa, como sucesor de San Pedro, es el signo y el instrumento efectivo de la unidad de la Iglesia. El otorgamiento de Honores Papales durante nuestra celebración del aniversario diocesano, es una expresión concreta de la unidad de esta Iglesia local cum Petrum et sub Petro, con Pedro y bajo Pedro.
Los sacerdotes, Monseñores Patrick Caverly, David Page, John Caulfield, Manuel Fernández, Fabián Gimeno, Paul Kamide y León Dobosiewicz, han servido bien y por mucho tiempo a nuestra Diócesis. En realidad, unos cuantos de ellos comenzaron su servicio sacerdotal en la Florida aún antes de que la Diócesis fuese creada. Monseñor Caverly, nuestro Vicario General y párroco de la Parroquia de la Anunciación, ya había sido ascendido al rango de Monseñor hace varios años. Ahora fue promovido al rango Monseñorial más elevado - Protonotario Apostólico Supernumerario. Los otros seis sacerdotes fueron nombrados “Capellanes de Su Santidad” y se les concedió el título de “Monseñor”.
Por supuesto, el Evangelio nos dice que no aspiremos a los “lugares más altos”. Jesús siempre estuvo entre nosotros como “uno que sirve”. Si podemos asociar las palabras “cristiano” y “ambición”, sólo debe ser cuando la “ambición cristiana” describe la pasión cristiana por servir, ya que el “servicio” es el llamado más alto de todo cristiano. Hasta el Papa – que es la figura "más alta” de la jerarquía de la Iglesia – con razón es llamado el Servis Servorum, el Siervo de los Siervos de Dios. Y a los que honramos durante el Festival de la Fe, tanto laicos como clérigos, se han destacado precisamente por su servicio a la Iglesia y a la comunidad. La celebración que tendrá lugar el 9 de Mayo es una oportunidad para que nosotros, como una comunidad de fe, esperanza y amor, expresemos nuestro agradecimiento a Dios por los dones que El nos da – individual y colectivamente. Al honrar las contribuciones de estos miembros de la Iglesia local, recordamos que todos estos dones son concedidos no para nuestra compensación personal, sino para edificar la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.
En la Iglesia, el título u “honor” más alto que podemos recibir es el nombre de “cristiano”. Ese título nos es dado en el Bautismo. “Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios; llegamos a ser miembros de Cristo y somos
incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión….” (CCC 1213). Como cristianos, aspiramos a convertirnos en lo que ya somos en el Bautismo, es decir, Hijos de Dios y herederos con Cristo a las promesas de Su Reino. Esta es nuestra mayor dignidad – pero, con frecuencia, la Iglesia honra a sus miembros, y con razón, con títulos y reconocimientos que, aunque no tan significativos como el nombre “cristiano”, sirven para iluminarnos los diferentes caminos por los que el servicio cristiano puede llevar a alguien que, en su testimonio particular de la esperanza, está verdaderamente “Vivo en Cristo”. |