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El Obispo Wenski - HomilÍas

NUESTRO LLAMADO CATOLICO EN 2005

El miércoles de ceniza empezamos una vez más nuestra preparación cuaresmal hacia la renovación. Estos cuarenta días de oración, ayuno y limosna nos preparan para el Domingo de Resurrección, en que renovamos nuestra promesa bautismal de renunciar al pecado y vivir como hijos de Dios. Este año yo les acompañaré en el camino como su nuevo pastor, el cuarto pastor de este bella y dinámica Iglesia. En el año y medio que he estado con ustedes tuve la oportunidad de visitar cada una de las parroquias por lo menos una vez, y he conocido a muchos de ustedes. Y, a pesar que hoy no puedo saludar a cada uno personalmente, espero que en mi voz reconozcan la voz del pastor. Pese a que no soy digno, Cristo me ha situado al frente de un rebaño de medio millón de Católicos que se extiende sobre once mil millas cuadradas en nueve condados de la Florida Central. Hoy, mi querido pueblo Católico, les pido que se unan a mí mediante sus dones de tiempo, talento y tesoro para llevar a nuestras familias, amigos y vecinos la buena noticia de nuestra reconciliación con Dios por la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

En este primer domingo de Cuaresma, las Escrituras hablan de las tentaciones y sus consecuencias. Adán y Eva caen y su pecado los apartó de Dios, a ellos y a sus hijos. El Libro de Génesis habla un lenguaje altamente figurado, difícil de entender hoy en día. Sin embargo, es importante entender cuál fué en realidad su tentación. La tentación fué llegar a ser como Dios, pero no dentro de las condiciones que Dios les ofrecía, sino bajo las suyas propias. El pecado original nos ha herido a todos porque aún nos creemos dioses, y creemos que podemos hacernos dioses bajo nuestros propias condiciones. Esto define cómo se nos presentan las tentaciones. Por los caminos del poder, el placer y la plata tratamos de ser nuestros propios dioses.

Aún siendo Dios, Jesús compartió nuestra naturaleza humana y también fue tentado, pero no pecó. Jesús no aceptó las condiciones propuestas por su adversario. Su camino hacia Dios, y por El nuestro camino también, se sigue no a través de la búsqueda de poder, del placer o de la plata, sino a través de la obediencia a la voluntad de Dios. En Cristo podemos parecernos a Dios, pero según sus condiciones, no las nuestras.

Estos cuarenta dias de Cuaresma están hechos para ponernos a bien con Dios por el arrepentimiento de las muchas veces en que hemos tratado de imponer nuestras condiciones a Dios y a los demás.

La Cuaresma es tiempo de intensificar nuestra práctica de la oración – quizás Misa diaria – o de redescubrir las devociones tradicionales, como el rosario y las estaciones. La oración nos ayuda a alejarnos de la tentación del poder, el control, la autosuficiencia. En oración dejamos que sea Dios el que tome las riendas.

La Cuaresma es tiempo de ayuno y sacrificio. Antes de poder dar un SI a Dios o a nuestro hermano necesitado, tenemos que poder dar un NO a nosotros mismos. El ayuno nos aleja la tentación de correr tras el placer.

Cuaresma es tiempo de dar limosna. Las Escrituras nos enseñan que la caridad contrarresta muchos pecados. Al ayudar al necesitado imitamos la misericordia de Dios que esperamos recibir nosotros mismos. No es el poder del oro sino la regla dorada de Dios lo que nos ganará su misericordia.

Es una feliz coincidencia que yo esté haciendo este llamado a ustedes en el primer domingo de Cuaresma. Y en realidad no es mi llamado, sino el de ustedes también, es nuestro Llamado Católico. Cada año, por nuestro Llamado Católico podemos ser testigos de la presencia del Reino de Dios entre nosotros. Nuestro Llamado Católico sostiene nuestro esfuerzo para ser una comunidad de Fé, de Esperanza y de Caridad en la Florida Central.

Nuestro Llamado Católico nos ayuda a convertirnos en comunidad de Fé, donde podemos encontrar a Cristo Vivo que nos llama a la Conversión:
Preparamos e incorporamos 1000 nuevos Católicos en la Pascua de Resurrección el año pasado. Ayudamos en el entrenamiento de 4000 maestros y directores de educación religiosa y catequistas para así poder educar cuarenta mil estudiantes en la riqueza de nuestra fé Católica en escuelas y programas de educación religiosa. A través de Nuestro Llamado Católico sostenemos a las parroquias en el entrenamiento de ministros pastorales que dan formación teológica a los que sirven en otros ministerios.

La misa por televisión, también sostenida por Nuestro Llamado Católico, permite participar en la Santa Misa a los que no pueden salir de sus casas, y permite a otros miles ver por primera vez lo que es nuestra experiencia Católica de culto. Buena Nueva FM, nuestro ministerio radial para la comunidad Hispana, se puede escuchar ahora a lo largo de nuestra diócesis por la frecuencia 104.1. Nuestro ministerio en las universidades lleva la palabra de Dios a miles de jóvenes adultos cada semana.

Nuestro Llamado Católico nos lleva a ser una comunidad de Esperanza en la que encontramos al Cristo Vivo que nos llama a la Comunión:
A través de Nuestro Llamado Católico ayudamos a las parroquias en la formación litúrgica y los recursos necesarios al culto, de manera que nuestros Católicos puedan tener la Misa como fuente y cumbre de su vida cristiana.
Por Nuestro Llamado Católico sostenemos la formación de sacerdotes y diáconos que sirven en el altar cuando nos reunimos a celebrar los Sacramentos, fuente de esperanza en la gloria prometida por Dios. Dieciséis candidatos se están preparando para ser sacerdotes. El año pasado ordenamos seis nuevos sacerdotes, dos diáconos en vias al sacerdocio y diez diáconos permanentes para servir en nuestra parroquias.

Nuestro Llamado Católico nos lleva a ser una comunidad de amor, donde la gente encuentra al Cristo Vivo que nos llama a la solidaridad.
Mediante el Llamado Católico hemos ayudado a construir doscientos nuevos hogares para familias en nuestra diócesis hermana de la República Dominicana. Procuramos asistencia médica a más de diez mil necesitados cada año y ayudamos a construir un futuro mejor para nuestros hermanos y hermanas allá, por el sostenimiento de clases de alfabetización de adultos y entrenamiento para maestros.
Nuestro Llamado Católico ayuda a los refugiados a rehacer sus vidas en nuestras comunidades. Ayudamos a más de dos mil inmigrantes en cuestiones legales y otros servicios. Procuramos trabajo y asistencia educacional a otros recién llegados y ayudamos a los trabajadores agrícolas a sostener sus familias con dignidad y justicia.

Nuestro Llamado Católico le ofreció consejería a más de mil cuatrocientas nuevas familias el año pasado. Por medio de nuestros centros de distribución se repartieron cuatro millones de libras de comida a familias necesitadas.

Nuestro Llamado Católico sostiene el ministerio a prisiones y el entrenamiento en abstinencia sexual a jóvenes que enfrentan riesgos. Nos ocupamos de adultos con necesidades especiales que residen en las Casas del Obispo Grady.

La Oficina de Respeto a la Vida reafirma, entre otras cosas, el valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Todo esto –y mucho más- es posible en gran medida gracias a su generosa ayuda a Nuestro Llamado Católico.
Para proteger a los más vulnerables, nuestros niños, ofrecemos programas sobre seguridad en todas nuestras parroquias; y además cuarenta y ocho mil empleados, sacerdotes, religiosos y voluntarios han sido chequeados por al Departamento de Orden Público y el FBI por medio las huellas dactilares.
Una de las principales enseñanzas del Concilio Vaticano Segundo es que el hombre sólo puede realizarse a sí mismo en la medida que se ofrece a sí mismo con sinceridad. En una cultura radicalmente marcada cada vez más por el consumismo, el materialismo y el individualismo, por el llamado a la oración, el ayuno y la limosna que nos propone la Cuaresma, se nos recuerda que, en las palabras de los padres conciliares, nos sentimos realizados en nuestras vidas no a través de la búsqueda de nosotros mismos, sino de la entrega de nosotros mismos. La cuaresma nos llama a imitar a Cristo tratando de ser buenos administradores de los dones que El nos ha dado.
En la Iglesia, entramos en el misterio de la vida de la Santísima Trinidad, la comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en la entrega mutua y recíproca. Como miembros del Cuerpo de Cristo estamos llamados, por el misterio de la Cruz, a compartir en esa vida. Nos unimos a Cristo, su vida y su don sacrificial al darnos como ofrenda a Dios y a nuestro prójimo.
Esto es mayordomía, vivida desde adentro del corazón de Dios. Una mayordomía en la que cada uno trae sus dones y al mismo tiempo los recibe. En esta comunión que es la Iglesia no hay nadie tan rico que no pueda recibir, ni nadie tan pobre que no tenga para dar.
Nuestro Llamado Católico es parte de nuestro compromiso de dar. En este primer domingo de Cuaresma yo, como nuevo pastor, apelo a que recen – porque al rezar buscamos el poder de Dios y dejamos a un lado nuestro afán de poder. Apelo para que ayunen, para que respeten los dias de ayuno y abstinencia, pero también para que alcancen la libertad de poder decir NO al pecado y el egoismo mediante el control de sí mismos.
Y por favor, vean en este Llamado Católico una oportunidad para dar limosna mediante su compromiso en hacer una donación verdaderamente sacrificial.
Por nuestros ministerios, nuestra gente, nuestro futuro, por favor sea generoso. Que su donación venga del corazón y esté basada en el amor.



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