| San Pedro de Jesús Maldonado - Diciembre 2006
Yo creo que no habría un día más oportuno para dar inicio a esta misión de San Pedro de Jesús Maldonado que el de hoy, la víspera del nacimiento de Jesús, el Niño Dios que nació en un pesebre porque no había lugar para el en la posada.
Hoy, al dedicar esta misión que va a desempeñar un papel importante en la vida espiritual de nuestros hermanos hispanos, en particular de los que vienen de México, queremos que esta Navidad no sea como la primera.
O sea, queremos reconocer en los rostros de nuestros hermanos inmigrantes el rostro del mismo Jesús. Si algunos quieren construir muros y así tomar el papel de los que hace 2,000 anos le cerraron las puertas a la familia santa de Nazaret cuando llegó a Belén, nuestra Iglesia al bendecir este sencillo templo quiere darles la bienvenida a los que andan buscando posada en este siglo, en este país.
En la Iglesia no hay fronteras – pues, todos somos hijos del mismo Padre gracias a su único hijo que se hizo hombre en el vientre de la Virgen: la Iglesia es la casa de Dios, y por lo tanto todos los hijos tienen su lugar, todos son bienvenidos. Y la mejor manera para que uno se sienta “en casa”, es hablarle en la lengua de su madre. Esta misión que lleva el nombre del San Pedro de Jesús Maldonado, un sacerdote mejicano quien murió por su fe durante los difíciles tiempos de los años 20 del ultimo siglo, esta misión es su casa – y aquí hablamos su idioma.
En el evangelio de hoy se destaca a la Virgen Maria, la Madre del Salvador y nuestra madre también. Ella es modelo para cada cristiano – porque nos enseña a creer. Como le dijo Isabel: “Dichosa tu por haber creído que llegará a cumplirse lo que te han dicho del parte del Señor.” Yo diría también que ella es modelo y ejemplo para los inmigrantes de hoy. Maria en su afán de cumplir con la voluntad de Dios se volvió itinerante: sale de Nazarea, ella sale al encuentro de su prima Isabel. O sea, si sale de su casa es por caridad, por amor. Luego sale por espíritu de obediencia, como ir a Belén, a Egipto, o al templo de Jerusalén. Nunca emprende viajes por puro pasatiempo. Así fue también en el caso del patrón de este templo, San Pedro de Jesús Maldonado: en el tiempo de los Cristeros, tuvo que dejar su país. Se refugió en Texas donde fue ordenado sacerdote. Después regresó a su tierra natal donde funcionaba como sacerdote – en secreto – hasta que fue descubierto y condenado a muerte en el paredón. Sale de su casa por amor y luego sale por espíritu de obediencia al martirio Ni a Maria, ni al Padre Maldonado les tocaba emprender viajes por puro pasatiempo.
Y los inmigrantes tampoco han emprendido viajes – a veces viajes muy peligrosos – por puro pasatiempo. Van en busca de la vida, van para así poder ayudar a sus seres queridos. Salen por amor. Las remesas que mandan a la casa son un testimonio elocuente.
Maria se encontró con obstáculos, con incomprensiones, con injusticias. Hoy en día, estos obstáculos, incomprensiones e injusticias son el pan diario de los inmigrantes, especialmente de los inmigrantes sin papeles legales.
Y por lo tanto, tenemos que buscar la protección de Maria y de nuestro patrón, San Pedro de Jesús. Que confiemos en su intercesión para con nosotros delante de nuestro Dios. Que aprendamos de ellos. Ellos supieron vivir y asumir las circunstancias que le tocaron en suerte vivir siendo fieles a Dios y al hombre en todo momento.
Maria y luego San Pedro de Jesús Maldonado también dieron una respuesta a Dios cada uno en su ambiente y en su tiempo. Igual nos toca a nosotros en este ambiente y en este tiempo en que vivimos. Por eso, se estableció esta misión – para que esta iglesia sea un lugar de encuentro. Dios se hizo uno como nosotros para encontrarse con hombres. Aquí, podemos decir que la Iglesia Católica existe para facilitar este encuentro de Dios con los hombres, y los hombres con Dios. La Iglesia quiere hacerse uno con los inmigrantes de esta área para que así puedan también sentirse en casa y así más fácilmente encontrarse con su Dios.
Quiero agradecer al Padre Gianni, al Padre Fushek y los feligreses de St. Timothy, y los demás párrocos y fieles de esta área por todo lo que han hecho para que este día se realizara. Su trabajo ha sido un testimonio de fe, de esperanza y de amor. Esta navidad como en aquella primera, Jesús toca las puertas. Por lo menos esta vez, aquí en esta comunidad, las puertas no quedaron trancadas. |