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El Obispo Wenski - HomilÍas

El Matrimonio - Febrero 2007

En el Evangelio de hoy, tomado del “sermón del llano”, de San Lucas, Jesús explica brevemente dos maneras de comprender la vida.  Y vemos estas dos maneras ilustradas en la primera lectura, tomada del Libro de Jeremías, y en el salmo – el primero del Libro de Salmos.  Muchos de ustedes habrán oído esa canción de los años 60:  ¿De qué se trata todo, Alfie?  ¿Vivimos tan sólo por el momento?  ¿De qué se trata todo cuando lo ponemos en orden, Alfie?”

Las Escrituras de hoy nos presentan una opción: podemos vivir por el “Reino de Dios”, o por nuestro propio “consuelo”.  ¿Es nuestra búsqueda de la felicidad – o en un lenguaje más bíblico, nuestra búsqueda de la “bienaventuranza” – estar exhaustos solamente en términos de esta vida terrenal, o miramos más allá del horizonte en general – a la vida eterna?  O para continuar con Alfie: ¿Estamos supuestos a tomar más de lo que damos O estamos supuestos a ser bondadosos? Y si sólo los tontos son bondadosos, Alfie, Entonces supongo que es sabio ser cruel.  Y si la vida sólo le pertenece a los fuertes, Alfie, ¿Qué prestarás basándote en una antigua regla de oro?

Bienaventurados son ustedes...Pobres de ustedes.  Bienaventurados son ustedes los pobres, porque el Reino de Dios es suyo...Pobres de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo”.  Dos categorías, dos mundos.  Los pobres, los hambrientos, los que lloran, los que son perseguidos a causa del Evangelio, pertenecen a la categoría de los bienaventurados.  Los ricos, los saciados, los que rien ahora, los que son alabados ahora, pertenecen a la categoría de los “desafortunados”.  ¿A qué mundo pertenecemos nosotros?

Por supuesto, Jesús no está hablando en términos sociológicos simplemente.  Una de las razones por las que encontramos la Escritura tan difícil de entender es que ya no estamos acostumbrados al “lenguaje religioso”.  Por eso quiero decir, a un lenguaje que nos pregunte sobre los significados en última instancia, a un lenguaje que nos lleve hacia lo sobrenatural.  En un mundo secularizado, nos va bien con una manera de hablar psicológica o sociológica; lo teológico y lo filosófico es un poquito más difícil.

Y así, es importante comprender que Jesús no está simplemente canonizando a los pobres, a los hambrientos – de la misma manera que no hace demonios de todos los ricos.  El está estableciendo una distinción que es más profunda que el simple entendimiento sociológico de la pobreza y de la riqueza – tiene que ver con saber en qué depositamos nuestra confianza, sobre qué clase de base estamos construyendo la casa de nuestra vida, si es sobre aquéllo que habrá de pasar, o sobre aquéllo que no pasará.  De eso se trata todo, ciertamente.

Hoy, honramos y celebramos a aquellos matrimonios que están celebrando su aniversario de plata, de oro y otros aniversarios significativos.  Y les damos las gracias por su testimonio – un testimonio que hace tanta falta en nuestro mundo hoy, un mundo que, como Alfie, ha olvidado de qué se trata todo.

Según las estadísticas reportadas en nuestros periódicos, hoy menos de la mitad de los hogares en los Estados Unidos están compuestos de parejas casadas.  Por primera vez en la historia, hay más pesonas que no están casadas – colocamos en esta categoría a quienes nunca se han casado, a los que no se han casado todavía, y a quienes ya no están casados -  hay más personas en esta categoría que las que están casadas.  Este es un problema serio, que engendra una letanía de aflicciones, como las aflicciones del Evangelio de hoy – y yo sé que los toca a ustedes, al mirar con preocupación a sus hijos y a sus nietos.

Hoy hablamos mucho en este país sobre la falta de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa.  Mas esta crisis no es solamente sobre el celibato – como es vista algunas veces.  Los jóvenes encuentran difícil no sólo comprometerse con una vocación para ser sacerdotes, o hermanas; también encuentran difícil comprometerse con la vocación para ser esposos y padres.  Vemos esto en el número de jóvenes que están renuentes no sólo a casarse por la Iglesia, sino hasta civilmente.

Quizás están asustados – temerosos de fracasar.  Y, ciertamente, hoy vemos tantos matrimonios fracasados.  Tal vez tienen miedo de la finalidad de todo ello:  comprometerse definitivamente a otra persona hasta “que la muerte los separe” puede parecer tan sobrecogedor y tan restringido.  A veces el matrimonio es descrito como los “antiguos grilletes y cadenas” – los compromisos parecen estar en contra de nuestra libertad personal.

Sin embargo, hoy, vemos en estas parejas la belleza del matrimonio, la profundidad y la belleza del amor llevado a plena madurez, un amor maduro que conoce la verdadera libertad porque está comprometido, un amor probado y purificado en el crisol del sufrimiento y del sacrificio.

De nuevo, del tema de esa película, Alfie:

Tan seguro como creo que hay un Cielo arriba, Alfie,
Sé que hay mucho más,
Algo en lo que aún los no creyentes pueden creer.
Yo creo en el amor, Alfie.
Sin amor verdadero, solamente existimos, Alfie.
Hasta que encuentres el amor que has perdido no eres nada, Alfie.

O como dijo Jesús, “Bienaventurados son ustedes los pobres, bienaventurados son ustedes los que tienen hambre ahora; bienaventurados son ustedes los que lloran….”  Al mirar retrospectivamente a su matrimonio, ustedes saben que todo no fue dulzura y armonía; pero espero que puedan decir que fueron, ciertamente, bendecidos.  Es cierto que hubo crisis – crisis que tuvieron que aprender a atravesar.  Simplemente acostumbrarse el uno al otro – a sus diferencias, a su ser otro, no ocurrió simplemente – sin alguna lucha, sin sacrificio, sin aprender a aceptarse mutuamente con sus peculiaridades e idiosincrasias, una y otra vez.  Mas al superar los momentos de crisis, se desarrollaron nuevas dimensiones del amor y se abrió la puerta a nuevas dimensiones de la vida.

Algunas veces, nosotros los sacerdotes pensamos que, porque somos célibes, hacemos un gran sacrificio.  Mas podemos aprender mucho de las personas casadas, precisamente debido a sus sacrificios.  Y qué sacrificios hacen ustedes – pensar en los hijos, los problemas que surgen, los temores, sufrir enfermedades, rebelión, los problemas de los primeros años, en los que las noches casi siempre se pasan sin dormir, por el llorar de los niños pequeños.  Todos nosotros (no sólo nosotros los sacerdotes, sino todos nosotros, especialmente sus hijos y sus nietos) todos, ciertamente, podemos aprender mucho de ustedes acerca del significado del sacrificio y del sufrimiento.

Necesitamos su testimonio.  Necesitamos aprender que es hermoso madurar por medio de sacrificios – y así trabajar por la salvación del prójimo.  Y es precisamente por eso que el matrimonio es un Sacramento – un encuentro con Cristo que da la gracia que lleva a la salvación, no sólo para uno mismo, sino para el prójimo.  Todos somos llamados a la santidad  - y el marido y la mujer son llamados a ayudarse mutuamente a convertirse en santos.  El matrimonio es un Sacramento para la salvación de otros – en primer lugar, para la salvación del otro – del marido y de la mujer – mas después, de sus hijos, de los hijos y de las hijas, y también de toda la comunidad.

El matrimonio es difícil, el matrimonio es duro, pero “bienaventurados son ustedes” – porque Dios no les niega Su gracia.  Hoy, el Evangelio nos presenta una dura opción:  vivimos por Dios y para Dios, o tratamos de vivir por nosotros y para nosotros.

Es importante recordar, como San Pablo nos recuerda, que el matrimonio de Dios con la humanidad, por medio de la Encarnación del Señor, se cumple en la Cruz, de la cual nace una nueva humanidad, la Iglesia.  El matrimonio cristiano nace de estas nupcias divinas.  Como dice San Pablo en Efesios, capítulo 4, es la concretización sacramental de lo que ocurre en este gran misterio – así tenemos que aprender una y otra vez, este lazo entre la Cruz y la Resurrección.  Así tenemos que aprender, siempre de nuevo, este lazo entre la Cruz y la Resurrección, entre la Cruz y la belleza de la Redención.  Récenle al Señor para que los ayude a proclamar bien este misterio, a vivir este misterio.  Oremos para que podamos aprender de las parejas casadas cómo viven ellos este misterio del amor entre Cristo y Su Esposa, la Iglesia, para que nos ayude a vivir la Cruz, de modo que también nosotros alcancemos la alegría de la Resurrección.

El Evangelio de Jesús es como una espada de doble filo – y corta la realidad y la separa como si fuera dos destinos distintos – uno de bienaventuranza y uno de infortunio.  O se vive por Dios y para Dios, o se puede tratar de vivir por uno y para uno.  Esa es la opción fundamental del drama que es la vida humana.  Y sin Jesús, todo drama humano terminaría en tragedia – y ciertamente en películas como Alfi, o en eventos de actualidad, no faltan historias de infortunio.  Mas como señaló el gran poema de Dante, la historia de la humanidad está supuesta a ser una Divina Comedia.  Y ésta es la invitación de Jesús a cada uno de nosotros.  La comedia dramática no es un humor astracanado – pero envuelve un cambio de fortuna inesperado, una vuelta de eventos que sale mejor.  Y esa es la invitación de Jesús – El nos invita al drama de Su propia vida – para que por medio de Su Cruz y de Su Resurrección, que podría parecer que es el camino de la pobreza, del llanto, de la persecución y de la exclusión, podamos hacernos verdaderamente ricos poseyendo el Reino del Cielo.

¿De qué se trata todo, Alfie? 
¿Es por el momento tan sólo que vivimos? 
¿De qué se trata todo cuando lo hemos ordenado, Alfie?”
¿Estamos supuestos a tomar más de lo que damos
O a ser bondadosos hemos sido llamados?
Y si sólo los tontos bondadosos son, Alfie,
Entonces supongo que es sabio ser cruel. 
Y si la vida sólo le pertenece a los fuertes, Alfie,
¿Qué prestarás basándote en la regla de oro de los tiempos de ayer?
Tan seguro como creo que hay un Cielo arriba, Alfie,
Sé que hay mucho más,
Que hasta los no creyentes pueden creer.
Yo creo en el amor, Alfie.
Sin amor verdadero, simplemente existimos, Alfie.
Nada eres hasta que encuentres el amor que has perdido, Alfie.
Cuando camines, deja que tu corazón sea tu guía
Y encontrarás el amor cualquier día, Alfi, Alfie    

 

 

 


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