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El Obispo Wenski - HomilÍas

Corpus Christi - Junio 2007

La Sagrada Eucaristía – el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento – es el regalo de Dios para la vida del mundo.  Una vez, Dios alimentó a los hebreos que vagaban en el desierto en busca de la Tierra Prometida; y Jesús, en la lectura del Evangelio, alimenta a una multitid con la milagrosa multiplicación de los panes.  Hoy, Dios continúa alimentando a Su pueblo.

Deus Caritas Est, Dios es Amor, y este amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo se hace presente en la ofrenda Eucarística de Sí mismo de Jesús.  El milagro de la multiplicación de los panes señala hacia la mayor esplendidez del amor de Dios por la humanidad, un amor que invita a la humanidad a una comunicación consigo, por medio del regalo del Verbo hecho carne.

Por lo tanto, el milagro de la multiplicación es una señal de ese milagro mayor – no de panes partidos y distribuidos a una multitud hambrienta, un día, en un monte – sino del milagro que habría de ser anticipado el Jueves Santo y realizado el Viernes Santo en el regalo del sacrificio de Jesús, el regalo de Su Cuerpo quebrantado por nosotros, el regalo de Su Sangre derramada por nosotros y por la salvación del mundo.  Este milagro se continúa a través de todos los tiempos – hasta que El venga – por obra del Espíritu Santo, en todas las Misas, en las que el regalo de Jesús de Sí mismo está siempre presente nuevamente.  La Sagrada Eucaristía es el regalo de Dios para la vida del mundo.   

Asi como una vez el maná sostuvo a los hebreos, hoy en las palabras del Papa Benedicto, “la Eucaristía es el alimento indispensable que nos sostiene mientras atravesamos el desierto de este mundo, seco por los sistemas ideológicos y económicos que no promueven la vida, sino que la reprimen... un mundo en el que domina la lógica del poder y de la posesión, en lugar de la lógica del servicio y del amor; un mundo en el que la cultura de la violencia y de la muerte triunfa con frecuencia.

En la Eucaristía, Jesús toca a la puerta de nuestro corazón y pide entrar.  Recibir a nuestro Señor en la Sagrada Comunión es, en realidad, el encuentro privilegiado con nuestro Señor Resucitado.  Al igual que los Discípulos de Emaús, que lo encontraron al salir de Jerusalén tristes y desalentados, y que sólo reconocieron al Señor al “partir el pan”, así también nuestro encouentro con el Cristo vivo se intensifica y se profundiza en la Sagrada Eucaristía.

  • La Eucaristía despierta la esperanza de la vida eterna en quienes tentados a desesperarse.
  • La Eucaristía abre a compartir a quienes tentados a cerrar las manos.
  • La Eucaristía destaca la reconciliación, no la división.
  • La Eucaristía pone la vida – en todas sus etapas – desde la concepción hasta la muerte natural – y la dignidad humana en el centro de nuestros compromisos de fe.
  • En una sociedad dominada por la cultura de la muerte, en la cual la búsqueda de la comodidad, el dinero y el poder individual se intensifica, la Eucaristía nos recuerda los derechos de los pobres y el deber de justicia y solidaridad.
  • La Eucaristía despierta a la comunidad cristiana al inmenso regalo de la Nueva Alianza que llama a toda la humanidad a ir más allá de sí misma.

Como enseñó el Segundo Concilio Vaticano, “El Señor dejó a los suyos prenda de tal esperanza y alimento para el camino en aquel sacramento de la fe en el que los elementos de la naturaleza, cultivados por el hombre, se convierten en el cuerpo y sangre gloriosos con la cena de la comunión fraterna y la degustación del banquete celestial”. (GS #38.2)

En vista de que la Eucaristía es el regalo de Dios para la vida del mundo, nuestro encuentro con el Señor vivo en la Sagrada Comunión también trae consigo un urgente llamado a testimoniar y a evangelizar.  Al igual que los Discípulos de Emaús, una vez que verdaderamente hemos encontrado al Resucitado, no podemos guardarnos la buena nueva ni la alegría que hemos experimentado.  La Eucartistía nos hace estar vivos en Cristo, para que podamos ser testigos de la esperanza.

Ita, Missa est.  Es de estas palabra finales en la conclusión de la Misa en latín, que la palabra “Misa” se deriva.  Aunque se traducen “Váyan, la Misa ha terminado”, también sería mejor decir “Váyan, son enviados”, ya que la Misa implica Misión.  “No podemos subir a dónde Dios habita, nos recuerda el Papa Benedicto, salvo “yendo por las calles del mundo, llevándoles el Evangelio a todas la naciones, llevándoles el regalo de su amor por los hombres todo el tiempo”.

Por esta razón, hacemos hoy nuestra procesión con el Santísimo Sacramento.  Caminar por las calles de nuestra ciudad – es una manera de hacerle a todos los que viven aquí en la Florida Central un ofrecimiento de vida eterna, de paz y alegría.  Caminaremos con Jesús presente en el Santísimo Sacramento, El es el regalo de Dios para la vida del mundo.  Queremos poner a Cristo en nuestra vida diaria, para que El camine por donde caminamos nosotros, y viva donde vivimos.

Bone Pastor, panis vere ...
Buen Pastor, el verdadero pan danos;
Jesús, de Tu amor amigos haznos;
Tú nos refrescas, Tú nos defiendes,
Tu eterna bondad mándanos
Para que en la tierra de la vida la veamos.

Tú que todo lo puedes y sabes,
Quien en la Tierra tal alimento ofreces,
Concédenos con tus santos, aunque los más humildes,
Ser herederos e invitados
Donde Tú ofreces el celestial banquete.

(Santo Tomás de Aquino, Lauda Sion)

 


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