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El Obispo Wenski - HomilÍas

Misa del Concejo Pastoral Diocesano - Junio 2007

Hay un dicho: “No es alardear cuando es cierto”.  De modo que, como vemos en la primera lectura de esta mañana, San Pablo tiene mucho cuidado de evitar alardes orgullosos y por lo tanto pecaminosos.  Sus palabras no estaban llenas de orgullo, sino más bien eran bastante humildes.  Y, aunque nos sentimos orgullosos de los logros que celebramos hoy, asegurémonos de que es un orgullo santo.  Con San Pablo, si tenemos que jactarnos, hagámoslo, como él, manteniéndonos con la verdad; hagámoslo con la misma humildad que caracterizó a San Pablo y, ciertamente, a todos los santos.

De hecho, en estos últimos meses una de mis citas favoritas es de Deus Caritas Est de Benedicto XVI.  Es una que estoy usando para finalizar a las reuniones que estoy llevando a cabo en casa de algunos de nuestra gente, al hacer un recorrido hablando de la obra del Sínodo y del trabajo que tenemos por delante al comenzar una campaña para recaudar los recursos necesarios para convertir en realidad la Visión en nuestra Diócesis y en nuestras parroquias.  Cito:

“Con toda humildad haremos lo que es posible y, con toda humildad, confiaremos el resto al Señor. Es Dios quien gobierna este mundo, no nosotros.  Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo limitados en lo que podemos y hasta el momento que El nos provea las fuerzas.  Sin embargo, hacer todo lo que está a nuestro alcance dentro de las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: ‘ Nos apremia el amor de Cristo’ (2 Co 5, 14)”.  Deus Caritas Est #35.

El Evangelio de hoy, con palabras distintas y  diferente énfasis, nos ofrece más o menos, el mismo mensaje; un mensaje que “nos apremia” a lo largo de un camino de mayordomía continua – una mayordomía que, como dije en mi carta pastoral a la conclusión del Sínodo, requiere que como católicos y como Iglesia diocesana, crezcamos, guiemos y compartamos.

La expresión “No se puede servir a  Dios y a Mamón” nos recuerda que el discípulo de Cristo tiene que ser sincero y leal en su devoción a Dios.  La mayordomía representada en el trabajo colectivo de todos ustedes, ciertamente refleja esta generosidad de corazón y una verdadera pobreza de espíritu.  Tal generosidad de corazón ha ayudado a nuestra Diócesis a realmente “Comenzar Desde Cristo;” y mientras vamos hacia adelante como “Testigos de la Esperanza, Vivos en Cristo”, nuestra Diócesis seguirá necesitando esa misma generosidad de corazón que le abre las puertas a Cristo, y esa misma pobreza de espíritu que nos prepara para servir, al mismo tiempo que ayuda a evitar la arrogancia de los orgullosos que solamente confían en sí mismos.

Como dice el Papa Benedicto: es Dios quien gobierna el mundo, no nosotros.  Por lo tanto, al seguir hacia adelante, debemos hacerlo – sin ansiedad, sin temor, sin preocupación.  “Miren las aves en el cielo”.  Y consideren los “lirios del campo”.  Esta lectura del Evangelio, que no es la que yo seleccioné para la Misa de hoy, sino la que el Leccionario provee para hoy, realmente ayuda a ofrecer una perspectiva a los tres planes presentados hoy y a la etiqueta de precio adjunta a ellos.  Jesús dice en la misma lectura: “Su Padre Celestial sabe que ustedes lo necesitan todos”.

Sí, los necesitamos todos – y más aún.  Más de nuevo, como nos dice Jesús:  “…Buscad primero el Reino de Dios y Su justicia , y todo lo demás se os dará por añadidura”.

“Rectitud” no es una palabra fácil de comprender.  Con frecuencia se usa conectada con la expresión “se cree muy bueno y santo”, lo cual – correctamente – conlleva una connotación peyorativa.  Pero la cita habla sobre el “Reino de Dios y Su justicia”.  En su maravilloso libro Jesús de Nazaret, el Papa Benedicto escribe: “Rectitud” en el lenguaje de la Antigua Alianza, es el vocablo para la fidelidad al Torah, a la obra de Dios, como los Profetas les recordaban constantemente a quienes los escuchaban.  Es la observación del camino correcto mostrado por Dios, con los Diez Mandamientos como su eje central.  El término que en el Nuevo Testamento corresponde al concepto de rectitud, es la fe del Antiguo Testamento.  El hombre de fe es el “hombre justo” quien camina en los caminos de Dios (cf. Salmos 1; Jer 17:5-8). Como la fe es caminar con Cristo, en quien se cumple toda la Ley; esta nos une a la justicia del mismo Cristo”. (Jesús de Nazaret, páginas 88-89).

Jesús es el adviento del Reino de Dios; Jesús es la personificación del Torah o Ley de Dios.  “…buscad primero el Reino de Dios y Su justicia”.  Si recordamos que “crecer” significa “crecer como individuos y como parroquias en nuestra relación con Jesús, y crecer en nuestra fidelidad a sus caminos; si recordamos que “guiar” significa que como católicos y como Iglesia deseamos llevar a nuestro prójimo hacia el conocimiento de Jesús y a experimentar la vida en El; si recordamos que “compartir” significa compartir desinteresadamente en un espíritu de amor y solidaridad con las personas en sus necesidades, entonces, de hecho, podemos ir hacia adelante con serenidad como “Testigos de la Esperanza, Vivos en Cristo”.

Ya que, como dice Jesús, “…todas estas cosas les serán dadas por añadidura….el mañana se hará cargo de sí mismo

 


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