Ordenación de Sacerdotes - Junio 2007
La Diócesis recibe “el regalo de tres padres nuevos”.

El Sábado 16 de Junio, el día antes de la celebración del Día de los Padres, Dios le regaló a la Diócesis de Orlando tres nuevos “padres”. En una emocionante ceremonia cuyas raíces se remontan a los Hechos de los Apóstoles, ordené a tres hombres buenos en el Sacerdocio Ministerial. Por medio de la “imposición de las manos”, en el sagrado rito del Orden Sagrado, Gilberto Medina, Jeremiah Payne y Anthony Welle fueron configurados con Cristo, el Sumo Sacerdote Eterno, y unidos al sacerdocio de los Obispos, fueron consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento para predicar el Evangelio, ser pastores del pueblo de Dios, y celebrar la sagrada Liturgia, especialmente el Sacrificio del Señor. Confío que con la continua ayuda de la gracia de Dios, cada uno de ellos sea un buen líder y un buen pastor del pueblo de Dios.

Una vocación sacerdotal, en las palabras del Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II, es un “don y un misterio”. Abrazar el don y entrar en el misterio que le permite al sacerdote, en comunión con Jesús, actuar en Su Nombre y en Su vista, como pastor de almas, es un paso que no se debe tomar a la ligera. Así como el sacerdote ofrece el Santo Sacrificio todos los días, el sacrificio también debe ser la condición de su vida. Al brindar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nosotros también tenemos que dar nuestro cuerpo y nuestra sangre por la vida de nuestro pueblo.

Le damos gracias a Dios por su “sí”, dado a Dios tan generosa e inflexiblemente en nuestra Catedral, rodeados por los sacerdotes y los diáconos de la Diócesis y por sus familiares y amigos. Así como nosotros rezamos por ellos ese día, tenemos que continuar rezando por ellos. Esta es la mejor manera en que podemos apoyarlos al igual que a todos nuestros sacerdotes, a vivir ese sí diariamente al compartir la misma misión de Cristo – sembrando la semilla de Su Palabra, dispensando Su Divina Misericordia en el Sacramento de la Penitencia, y alimentando a los fieles a la mesa de Su Cuerpo y Su Sangre.

Por medio de su ministero pastoral y de su celebración diaria de la Eucaristía, los Padres Medina, Welle y Payne han de ayudar al pueblo confiado a su cuidado a hacerse “vivo en Cristo”; sanando los corazones quebrantados por el pecado y la desesperación; ellos ayudarán a hacer del pueblo de Dios “testigos de la esperanza”. Nuestro mundo, cada vez más organizado como si Dios no importara, necesita desesperadamente ese testimonio; nuesto mundo necesita ser guiado hacia el conocimiento de Jesucristo, la esperanza que no decepciona.

Los retos del ministerio, con sus inevitables pruebas y decepciones, y el hecho que llevamos el “tesoro” del Evangelio en “vasos de barro” algunas veces puede tentar a los sacerdotes a dejarnos vencer por el desaliento – y tal vez algunas veces hasta a poner a prueba la paciencia de nuestro pueblo. Por supuesto, los sacerdotes perdonamos los pecados en el nombre de Cristo y de Su Iglesia. Yo les pido a estos nuevos sacerdotes que sean generosos con su tiempo, haciéndose disponibles fácilmente para escuchar las confesiones de su pueblo. Al mismo tiempo, los animo a que no dejen de tomar provecho del consuelo del Sacramento de la Penitencia.

La Misericordia de Dios es siempre mayor que su – o nuestra propia – debilidad y que nuestra falta de mérito.
El Papa Benedicto dijo a un grupo de sacerdotes que ordenó hace apenas unas semanas: “...que la certeza de que Cristo no nos abandona y que ningún obstáculo puede prevenir el cumplimiento de su plan universal de salvación, sea una causa de constante consuelo y de una esperanza firme en ustedes, aún en dificultades. La bondad del Señor está siempre con ustedes, y es poderosa”.

Que nuestros nuevos sacerdotes conozcan el poder de la bondad de nuestro Señor; y que, por medio de su ministerio, el pueblo de la Florida Central también experimente fuertemente la bondad de nuestro Dios.

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