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El Obispo Wenski - HomilÍas

Misa Azul - Septiembre 2007

Hoy, una vez más, le damos la bienvenida a todos ustedes a esta observancia anual de nuestra “Misa Azul” (“Blue Mass”) Diocesana.  Celebrada en muchas diócesis en todo el país desde los 1930, esta Misa honra a los “hombres y mujeres en azul”; mas no sólo honramos a aquéllos vestidos de azul – porque hoy día sus uniformes vienen en todos los colores. Los honramos a todos ustedes – los policías, bomberos, personal de emergencia.  Ustedes son los primeros en responder a las emergencias – esa delgada línea azul – que hacen que nuestros vecindarios sean comunidades y no junglas.

En la primera lectura de hoy, San Pablo habla de sus esfuerzos para realizar la obra del Señor.  “Por esto”, dice él, “yo trabajo y lucho de acuerdo con el ejercicio de Su poder obrando en mí”.  Su labor como los primeros en responder es, ciertamente, la obra del Señor.  “Servir y proteger” es más que un lema – es una meritoria y noble vocación, un verdadero llamado, y un camino hacia la santidad.  Para aquéllos que abrazan este llamado, es una manera de responder al mandamiento de Dios: ama a tu prójimo como a ti mismo.  Y aunque amar a nuestro prójimo a veces puede ciertamente ser una labor y una lucha ardua, tenemos que estar siempre conscientes de Su poder obrando en nosotros.     

Muchas veces, la Misa Azul se celebra el día o alrededor del día de la Fiesta de San Miguel Arcángel.  San Miguel, quien derrotó las fuerzas del mal y se mantiene en guardia de las puertas del Cielo, es el patrón apropiado de los policías.  Invocamos su intercesión pidiendo que sea nuestra “defensa contra la maldad y el asecho del Demonio.  El Salmo 91o nos recuerda que “el Señor a los ángeles les ha ordenado que te escolten en todos tus caminos”.  Y estoy seguro en que más de una vez, cumpliendo con su deber, han sentido la protección de su propio Angel de la Guarda.  Mas ustedes también son ángeles 24/7 (24 horas al día, siete días a la semana), haciendo el bien, salvando vidas – ustedes también nos defienden “en contra de la maldad y de la asecho del Demonio”.

Pero así como estos mensajeros invisibles de Dios nos protegen, cada uno de ustedes cumple con su deber, con frecuencia sin ser notados, sin ser apreciados – hasta que  nos metemos en un apuro y necesitamos llamar al 911”.  Y copias de esas llamadas al 911 revelan cuán drásticas y desconsoladoras son muchas de esas emergencies a las que ustedes responden.  Y en esta víspera de ese infausto 11 de Septiembre de hace seis años, recordamos cómo las copias de ese día recalcan el heroismo y la nobleza de su profesión.

Aún Jesús no descansó el Sábado cuando se trataba de hacer el bien, y con frecuencia ustedes también tienen que trabajar Domingos y Días de Fiesta, sacrificando tiempo que podían haber pasado con su familia.  Y como podemos ver en el Evangelio de hoy, Jesús, como ustedes, pasó mucho de Su tiempo respondiendo a “llamadas de docorro”.  Al responder a esas “llamadas de socorro” que les llegan, mantengan a Jesús como su modelo, su guía y su fuente de fortaleza.  Los Evangelios recuerdan cómo Jesús respondía a las personas acongojadas con gran compasión, porque El comprendía la fragilidad de nuestra naturaleza humana; pero El no era ningún incauto.  Aunque trataba a todo el mundo con dignidad, administraba Su amor con firmeza.  Nunca toleró una conducta inacceptable ante los ojos de Dios o perjudicial para el prójimo

Y cuando traten de responder a esas llamadas de socorro que les llegan de la manera en que Jesús lo haría, no teman ni se avergüencen de permitir que Jesús responda a su propia congoja.  En otras palabras, nunca duden “extenderle su mano” al Señor para que El sane su cuerpo, su mente o su alma.  Debido a que con tanta frecuencia ustedes ven el lado más oscuro de nuestra caída naturaleza humana, para no caer en el cinismo o en la decepción – el peligro ocupacional de su trabajo – al igual que el hombre de la mano mustia, ustedes también necesitan Su toque sanador, un toque que se puede encontrar en el apoyo de un compañero y también en la oración y en los Sacramentos de la Iglesia.

El día de hoy nos da la oportunidad para ponerlos en oración.  Le pedimos a Dios que los mantenga a salvo de todo peligro, y oramos por el descanso del alma de todos los que han caído en el cumplimiento de su deber.  Y le damos gracias a Dios por ustedes a medida que nos sirven y nos protegen.  Defendiendo al débil, protegiendo al honesto, promoviendo la paz en nuestras comunidades, ustedes reconocen que nuestra vida es un regalo de Dios.  Sí, nuestra vida es un regalo de Dios – para que a cambio podamos dársela al prójimo.

San Miguel Arcángel, patrón de la policía, ruega por nosotros.
San Florián, patrón de los bomberos, ruega por nosotros.
San Lucas, patrón del personal médico, ruega por nosotros.
María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros y llévanos a Jesús, a Jesús que sana y nos capacita para sanar y para ser fuerza de paz y de justicia en nuestra comunidad.

 


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