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El Obispo Wenski - HomilÍas

Diácanos - Abril 2008

Con la imposición de las manos y la Oración de la Consagración, el Señor derramará al Espíritu Santo sobre estos hermanos nuestros y los consagrará como diáconos. Y porque también aspiran al sacerdocio en el orden de los presbíteros también abrazarán libremente el estado célibe, como símbolo y motivo de caridad pastoral.

Frè m ak sè m yo, Nan premye tan Legliz la, mesaje Jezi yo te bezwen asosye pou ede yo, okipe moun ki te malere, ki tap reswvwa konkou nan men kominote a.  Se nan sikonstans sa a, yo vin kreye wol dyak yo.  Pawòl “dyak” la soti nan yon mo Grek ki vle di “sevitè”.  Konsa, chak fwa Legliz ap sakre yon dyak, se yon nouvo sevitè li bay Pep Bondye a. Paske dyak sa yo ap prepare pou yo vin pè, yo pa marye.  Epi Legliz la mande pou yo rete konsa, san yo pa gen rapo ak okenn fi.  Yo chwazi viv konsa pou yo montre yo pare pou yo sèvi tout moun, e nan tout lavi yo, y a montre ki jan yo dwe renmen Bondye pi plis pase tou sa ki egziste.

Mis hermanos, ustedes serán Diáconos de la Iglesia de Dios.  Como tales, son ordenados para ser símbolo e instrumento de Cristo, quien vino “no para ser servido, sino para servir”.

Si podemos asociar las palabras “cristiano” y “ambición”, debe ser solamente cuando la “ambición cristiana” describe la pasión del cristiano por servir - ya que el “servicio” es el mayor llamado de todo cristiano.  Hasta el Papa – quien es la figura “más alta” dentro de la jerarquía de la Iglesia – es con razón llamado el Servus servorum Dei, el Siervo de los Siervos de Dios.

Como diáconos ordenados, ustedes han de inspirar, promover y ayudar a coordinar el servicio que toda la Iglesia tiene que asumir a imitación de Cristo.  Su diakonia o servicio tiene tres partes: el servicio de la Palabra, el servicio de la Eucaristía, y el servicio a los pobres.

Como diáconos, tienen la obligación de proclamar el Evangelio y ayudar a los sacerdotes a explicar la Palabra de Dios.  Hoy, les encomiendo el Evangeliario con estas palabras: Recibe el Evangelio de Cristo, en cuyo heraldo te has convertido.  ¡Recuerden que es Su Evangelio, no el de ustedes; es la Palabra de Dios, no la nuestra!  Como heraldos, deben hablar siempre en Su Nombre y no en el propio.

La Iglesia siempre ha de vivir en el mundo, pero no ser del mundo.  Viviendo en el mundo, la Iglesia tiene un solo servicio que prestarle al mundo – es la diakonia de la verdad, el servicio de la verdad.  Como ministros de la Iglesia, deben entender que es la verdad la que juzga los eventos – no vice versa, como con tanta frecuencia ocurre hoy día en nuestra cultura actual.  Por medio de su servicio fiel al Evangelio en su integridad – sin compromiso, sin acomodaciones, duda o temor – tienen que ayudar al mundo a descubrir esa Verdad que tiene un rostro humano, la Verdad que es una persona: Jesucristo.

Como diáconos, son ustedes los primeros compañeros de trabajo del Sacerdote en la celebración de la Eucaristía.  Como compañeros de trabajo del Sacerdote, son también siervos del Mysterioum fidei, del gran Misterio de la fe.

Todos los fieles de Cristo pueden llegar a un entendimiento más completo y más profundo de estos “misterios” y a participar de una manera más completa y profunda en ellos, si su servicio en el altar ayuda a subrayar el carácter “sagrado” de este encuentro sacramental con el Cristo Vivo.  En el altar, su lenguaje, su comportamiento, no debe ser de ninguna manera profano, ni dado a una familiaridad informal – ya que en este Santo Sacrificio encontramos a nuestro Señor y Redentor.

Por este motivo, nuestra comunión con Cristo en la Eucaristía tiene que llevarnos a buscar la comunión con nuestros hermanos y hermanas.  Alimentados del Pan Eucarístico, y por tanto volviéndonos más plenamente vivos en Cristo, todos debemos prestar atención a las necesidades del prójimo, notando su dolor y su sufrimiento, y así estar en el mundo como testigos de la esperanza.

Como compañeros de trabajo del Obispo y de los sacerdotes, deben ser la expresión viva y activa de la caridad de la Iglesia.  A ustedes, pues, les es confiado de una manera especial el ministerio de la caridad que se encuentra en el origen de la institución de diácono.

De modo que ustedes tienen la responsabilidad especial de identificar a la Iglesia con los necesitados y, en particular, con los que carecen del poder de la voz en los márgenes de nuestra sociedad.

Entre tales personas, el diácono ha de hablar sobre Cristo y ofrecerles la variada ayuda de la Iglesia.  En la Iglesia, el diácono ha de hablar sobre los necesitados, articular sus necesidades e inspirar y movilizar la respuesta de la comunidad católica.  Imiten a ese primer diácono de Roma, San Lorenzo, quien fue martirizado en el año 258.  Cuando el emperador pagano le ordenó entregar los tesoros de la Iglesia, él reunió a los pobres y a los enfermos y dijo: ‘Aquí está el tesoro de la Iglesia”.

Como esta hermosa ceremonia de Ordenación tan ricamente hace claro, como diáconos, ustedes nacen del Altar – desde adentro del corazón del Sacrificio Eucarístico.  Ustedes nacen en oración.

Y l a oración – y solamente la oración – los sostendrá y los mantendrá fieles a su triple diakonia de la Palabra, la Eucaristía y la Caridad.  En Deus Caritas Est, el Papa Benedicto nos recuerda que como Dios es Amor, para dar amor tenemos que recibir amor.  En su encíclica él menciona a la Beata Madre Teresa tres veces, para enfatizar que las raíces del servicio y de la caridad cristiana se encuentran en la oración.

Por esta razón, la Liturgia de las Horas está encomendada de una manera particular a los ministros ordenados de la Iglesia.  La Liturgia de las Horas les pertenece – ni más ni menos que les pertenece a los obispos y a los sacerdotes.

El Papa Juan Pablo II, al urgir que en el nuevo milenio nuestras parroquias se convirtieran en escuelas de oración, también recomendó altamente que la celebración de la Liturgia de las Horas sea promovida entre todos los fieles.  Como diáconos, ustedes pueden ser instrumentales en relacionar mejor al laicado con la Liturgia de las Horas.  Y sus propios esfuerzos para rezar diariamente la Liturgia de las Horas puede ayudarlos a crecer en vigor, a ser fortalecidos en fidelidad y a aumentar su habilidad para servir.  Y como es una oración ofrecida en el Espíritu al Padre en el Nombre de Cristo por la Iglesia y por el mundo entero, es otra forma de diakonia.

Chè pèp Bondye a, lapriyè pou yo pou yo swiv egzamp Jezi, li menm ki Bon Gadyen.  Menm jan li te fè, se pou yo fè tou.

Epi chè frè m, fè volonte Bondye a ak tout kè ou:  ak anpil renmen epi nan kè kontan sèvi pèp la jan ou ta sèvi Granmèt la.

Querido pueblo de Dios recen por ellos  para que sigan el ejemplo del mismo Señor: justo como El ha hecho, ellos también deben hacer.

Hermanos, hagan la voluntad de Dios de corazón: sirvan a las personas con amor y alegría, como servirían al Señor.

 


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