El
Obispo Wenski - HomilÍas
Misa Crismal de 2005
¡El espíritu de Dios Nuestro Señor está con nosotros!
¡Pues El nos ha ungido!
La Misa Crismal celebrada por un obispo y su presbiterio, su colegio de sacerdotes, es muy trascendente por su significado e importancia pastoral, en la vida de una diócesis. Esta es mi primera Misa Crismal como Obispo vuestro y debo admitir que me resulta difícil no permitir que las emociones me dominen al reunirlos alrededor de este altar. Juntos consagraremos el Crisma Sagrado y bendeciremos los Santos Oleos. Juntos ofreceremos el Más Sagrado Sacrificio en esta liturgia que nos regresa al Cenáculo donde se celebró la Primera Misa Crismal y donde fue instituido nuestro sacerdocio.
Esta misa es una señal especial de la unidad de nuestro sacerdocio y prueba que nosotros – los obispos y los sacerdotes – compartimos un ministerio común para enseñar, guiar y santificar al pueblo de Dios. Por estas razones, he considerado oportuno para mí, como cuarto obispo de esta Iglesia local, convocar solemnemente a nuestro primer sínodo diocesano. Un sínodo es una "reunión" de nuestra familia católica para examinar nuestra respuesta al llamado universal a la santidad, nuestra atención pastoral a los fieles y nuestro compromiso de evangelizar y ser testigos del reino de Dios aquí, en la Diócesis de Orlando.
Los años venideros traerán nuevas oportunidades y desafíos. En mi opinión, esto subraya la urgente necesidad de examinar en nuestras oraciones nuestro llamado a la conversión y a la santidad y nuestra necesidad de forjar una visión y un plan comunes para la Diócesis de Orlando en sus múltiples expresiones en todo el centro de la Florida – nuestras parroquias, nuestras escuelas, las organizaciones de caridad cristianas y muchas otras organizaciones que son prueba del trabajo que cambia nuestras vidas.
Mediante el proceso del sínodo, todos los católicos de la Diócesis de Orlando, sus sacerdotes, sus diáconos, sus religiosos y sus laicos tendrán la oportunidad de recomendarme, como su nuevo pastor, una línea de conducta de manera que "empezando de nuevo a partir de Cristo" podamos enfrentar los retos de la evangelización en este nuevo siglo.
El Sínodo, con la ayuda de Dios y vuestra activa colaboración, puede ser para todos nosotros el principio de un apasionante trabajo de revitalización pastoral.
Aunque éste es el primero en la historia relativamente nueva de nuestra diócesis, los sínodos son tan antiguos como la Iglesia misma – y a través de su historia, los sínodos han sido usados por los obispos en su carácter pastoral para solicitar asesoramiento de sus colaboradores más cercanos, los sacerdotes, y del Pueblo de Dios mismo para ayudarlos en sus enseñanzas, su gobierno y su santificación de las Iglesias locales confiadas a su cuidado.
En 1790, el primer obispo norteamericano, John Carroll, citó a su clero a un sínodo canónico diocesano en la Procatedral de San Pedro, en Baltimore. El y 22 sacerdotes se reunieron al año siguiente. En esa época, entre los temas examinados se hallaban: el peligro de los matrimonios mixtos para la fe de los jóvenes católicos; el deber de Semana Santa – la obligación de todos los católicos de confesar y recibir la Sagrada Comunión durante la Semana Santa; la disposición correcta de los fondos de la parroquia; las vocaciones sacerdotales y la educación religiosa de los niños.
Estos temas habrían de tratarse una y otra vez en reuniones similares durante los dos siglos siguientes. Y estos mismos temas o variaciones de ellos, todavía nos atañen hoy día. El propósito de nuestro Sínodo aquí, en Orlando, será examinar qué debemos hacer como comunidad de fe.
Tenemos que traducir en iniciativas u objetivos pastorales, adaptados a nuestras circunstancias, el "plan del Evangelio y de la tradición viviente para hacer que Cristo sea conocido, amado e imitado de manera que en El podamos vivir la vida de la Trinidad y con El transformar la historia hasta su realización en el celestial Jerusalén." (Novo Millennio Ineunte).
Empezando de nuevo a partir de Cristo, podremos enfrentar los retos del presente con entusiasmo y prepararnos para los desafíos del futuro con confianza.
Al igual que los obispos que me precedieron y cuyas contribuciones a la vida de esta iglesia local reconozco con agradecimiento, yo también debo dirigirme a vosotros en busca de vuestro consejo, colaboración y apoyo. Juntos debemos dedicar nuestros mejores esfuerzos a proclamar el evangelio con más firmeza, a promover el crecimiento de la santidad de nuestro pueblo con más coherencia y a trasmitir con más efectividad el tesoro de nuestra fe a las nuevas generaciones.
El Sínodo es un proceso y un instrumento para asistirme en mi tarea pastoral. Estará destinado específicamente a ayudarme a mí y a los sacerdotes de esta diócesis a comprender las necesidades de aquéllos a quienes servimos. Escucharemos las necesidades de los fieles y, al mismo tiempo, estaremos preparados para actuar en respuesta a estas necesidades. Empezando de nuevo a partir de Cristo enfrentaremos los retos y las oportunidades que nos aguardan.
La Misa Crismal también ofrece a los sacerdotes de una iglesia local, al reunirse con su obispo, la oportunidad de "empezar de nuevo" renovando su compromiso con el servicio sacerdotal. En el día de hoy, lo hacemos en presencia de dos diáconos, Jorge Torres y Scot Circe. En junio, cuando sean ordenados sacerdotes, ellos serán parte de este presbiterado
Nosotros también renovamos nuestro compromiso con el servicio sacerdotal en presencia de dos hermanos mayores nuestros, el Padre Val Cedí y el Padre Redentorista Donald Winters. Este año, ellos celebran el jubileo de oro de sus ordenaciones sacerdotales. Durante cincuenta años, han laborado en la viña del Señor; ellos han resistido el calor del día. Estos hombres han servido – y han servido bien – como sacerdotes en tiempos de grandes cambios y de confusión.
Tiempos como éstos de cambios y de confusión atemorizan a muchas personas – y evidentemente, uno de los signos de nuestros tiempos es ese temor. Por tanto, muchas personas hoy día temen cualquier compromiso permanente – y esto acontece no sólo en cuanto a una vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, sino también en lo que se refiere a la vocación al matrimonio y a la vida familiar. No obstante, a pesar de sus temores, las personas todavía desean ver testigos – personas de fe y de comunión.
En el día de hoy damos las gracias a ustedes, los que celebran su jubileo y los diáconos en transición, por ser testigos y por su valor. Ustedes nos inspiran a todos, especialmente a aquellos de nosotros que somos sacerdotes, al renovar hoy nuestro compromiso con el sacerdocio para la gloria de Dios y el bienestar de nuestro pueblo. Este valor se manifiesta en el entusiasmo juvenil de nuestros dos diáconos y ese valor ha sido destilado a través de la sabiduría de la edad y la experiencia de nuestros "jubileriados" de oro. Ustedes nos inspiran a no temer al empezar de nuevo a partir de Cristo una vez más.
En el día de hoy, todos los sacerdotes sentimos una emoción especial en nuestros corazones al recordar los hechos que ocurrieron en aquel Cenáculo en vísperas de la Pasión de Cristo. Al igual que Pedro, cuando Jesús se acercó a él para lavar sus pies, nosotros podemos expresar nuestra falta de mérito. Y si no lo hacemos, vosotros, el pueblo de Dios, lo haréis. Y esto tal vez sea apropiado – ya que nuestra ofrenda – la ofrenda del sacerdocio no se nos da para nuestro propio bien, sino para el de ustedes. Puesto que Jesús, habiendo lavado nuestros pies, nos invita a imitarlo para que en la caridad pastoral nosotros lavemos los vuestros.
Les ruego que recuerden nuestra falta de mérito – no para lanzarla a nuestras caras, puesto que la mayoría de nosotros, la mayor parte del tiempo, estamos conscientes de ella. Pero, recordad nuestra falta de mérito – y por ello orad por nosotros. Orad por sus sacerdotes. Todos ustedes desean y necesitan sacerdotes buenos y fieles. No deben cansarse jamás de rogar a Dios en vuestro nombre y en el nuestro. Orad porque nosotros seamos los sacerdotes que ustedes necesitan, los sacerdotes que ustedes merecen. Orad para que nunca os falten esos sacerdotes.
¡El espíritu de Dios Nuestro Señor está con nosotros!
¡Pues El nos ha ungido!
Juntos, los sacerdotes y los diáconos fieles a Cristo y los hombres y mujeres consagrados, juntos debemos continuar respondiendo a la vocación universal de santidad que todos debemos recibir por medio de nuestra unción bautismal una vez más Empezando de nuevo a partir de Cristo.
Obispo Thomas Wenski
Misa Crismal de 2005
23 de marzo de 2005
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