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El Obispo Wenski - Homilías

Día de Ntra. Sra. de la Divina Providencia – Noviembre 19, 2004 – St. James Cathedral

Hoy en esta catedral de la diócesis de Orlando, los puertorriqueños de la Florida central se reúnen con sus pastores para festejar aquélla a quien el Papa Pablo VI declaró la “patrona principal de toda la nación puertorriqueña.” En este mismo día, se reúnen miles; no, cientos de miles de católicos puertorriqueños, ricos y pobres, jóvenes y ancianos, tanto dentro de la isla como en cada rincón, del mundo donde viven personas cuya sangre y parentesco todavía les ligan con afecto a la Isla del Encanto para invocar la intercesión de María, Virgen de la Divina Providencia. Le piden a ella para que la Divina Providencia siempre les ofrezca la gracia de poder actuar de acuerdo al destino que Dios ha preparado para este pueblo y para cada puertorriqueño y puertorriqueña.

Esta fiesta es más importante que nunca – sobre todo en estos días cuando los residentes en la isla todavía esperan los resultados finales de las elecciones. Esta fiesta nos recuerda que– a pesar de sus diferencias políticas – los puertorriqueños constituyen una sola familia. Y Vds. son una sola familia porque tienen una sola madre, la madre de nuestro Señor Jesucristo, quien, en Puerto Rico, se venera como la Virgen de la Divina Providencia.

Y si tienen una sola madre, todos son hermanos. Que nuestra madre consiga para sus hijos borícuas las bendiciones de paz, de prosperidad, de justicia y de unidad! Que todos a pesar de las diferencias legítimas que puedan tener aprendamos a vivir como hermanos dentro de una sola familia como nos manda nuestra madre.

Desde el año 1851 la devoción a la Virgen de la Divina Providencia llegó a la Isla del Encanto gracias al señor obispo Gil Esteve y Tomás, quien colocó su imagen en la catedral capitalina de San Juan. Fue el 2 de enero, fecha que quedó designada como su fiesta anual.

De allá se extendía su fama a toda la isla. Y no fueron pocos los devotos que iban en peregrinación a levantar una plegaria frente a su altar. Sin embargo, con el tiempo ese primer ardor se enfrió. Esto pasó en las primeras décadas del siglo XX: Yo diría que la devoción se enfrió precisamente durante el tiempo en que en la isla el pueblo se preguntaba cuál sería su identidad como pueblo y como nación. Una familia que no toma en cuenta el papel que debe jugar la madre pasa a ser una familia en crisis, pues es la madre la que transmite a sus hijos los valores de moral y de ética, es la madre la que nos encamina por los senderos de fe al enseñarnos a persignarnos y a rezar.

Gracias al celo apostólico de Monseñor Mariano Vasallo la devoción popular a la Virgen de la Divina Providencia se revivió. El Monseñor formó, con un grupo de señoras la Asociación de Nuestra Señora de la Providencia. Bajo la dirección del Padre Saturnino Junquera - de feliz memoria - se lanzó una campaña por toda la isla para revivir el culto a esta advocación. La imagen peregrina recorrió todo Puerto Rico, y las celebraciones culminaron el 19 de noviembre con la llegada de miles de peregrinos de toda la isla a la gran fiesta en la Catedral.

Fue en 1969, que el entonces Arzobispo de San Juan, el Excelentísimo Cardenal Luis Aponte Martínez, solicitó del Santo Padre Pablo VI que nombrara a la Virgen de la Divina Providencia, patrona de Puerto Rico. El Papa aceptó esa solicitud y así constituyó y declaró a Nuestra Señora de la Divina Providencia “Patrona Principal de toda la Nación Puertorriqueña”.

El decreto del Papa indicaba que la fecha de celebración debía trasladarse del 2 de enero (aniversario de la llegada de la imagen a la isla), el 19 de noviembre, uniendo de este modo la veneración mariana a la virgen de la Providencia con el descubrimiento de Puerto Rico, acontecido el 19 de noviembre de 1493. El Papa Pablo VI hizo muy bien cuando decidió trasladar la fecha de la fiesta al día de hoy, dado que esta fecha, como ya les había indicado, es el aniversario del descubrimiento de Puerto Rico. Un día como hoy llegó Colón a tierras borícuas y llegó también la cruz. Tal como María estuvo junto a la cruz cuando su hijo sufría, y fue desde la cruz que Jesús nos la había entregado como madre nuestra, María – nuestra Señora de la Divina Providencia ha estado a lado del pueblo puertorriqueño a lo largo de su historia tanto en sus momentos de angustias como en sus momentos de alegría. Con ella que nos presenta a su Hijo divino -la providencia de un Dios que nos ama hecho carne- , la nación puertorriqueña puede recordar el pasado con gratitud, enfrentar el presente con confianza y mirar al futuro con esperanza. Resta a cada uno de nosotros dejarnos libremente conducir por la Providencia de Dios.

Así, esta devoción se ha convertido en un signo de identidad para el católico puertorriqueño. Hoy, celebramos dos grandes amores de los puertorriqueños: el amor que tiene el pueblo para la madre de Dios y el amor que cada borinqueño siente por esa Isla del Encanto donde se definió la identidad y la cultura puertorriqueñas. Así, desde su proclamación como “Patrona Principal de la Nación Puertorriqueña”, la devoción a la Virgen de la Divina Providencia ha aumentado grandemente no solamente en Puerto Rico, sino en los Estados Unidos dondequiera que viven los hijos y las hijas de Borinquen.

La imagen que veneramos nos presenta dos figuras – la de María y la de su Niño Divino.

María se inclina sobre el Niño Jesús, que en total actitud de confianza duerme plácidamente en su regazo. Las manos de la Virgen se unen en oración mientras sostiene suavemente la mano izquierda del Divino Infante. El conjunto sugiere ternura, abandono, devoción y paz.

Por lo tanto, la Providencia de Dios tiene un nombre y un rostro humano. Se llama Jesucristo. María es la Madre de Jesús, y por eso la veneramos como Madre de la Divina Providencia. Según uno de los Prefacios de la Liturgia Romana, Dios nos creó y nos redimió para poder ver y amar en nosotros lo que ve y ama en Jesucristo, el Hijo Eterno del Padre Invisible hecho hombre por el poder del Espíritu Santo. Por eso, en el día de hoy el motivo de nuestras plegarias ha de ser que ella obtenga para nosotros la sabiduría para conducir a nuestra familia – y a toda la familia borícua – hacia un futuro de acuerdo a los designios de Dios al crearnos.

Así, pidamos a nuestra Patrona, la Madre de la Divina Providencia, la Madre de su historia como puertorriqueños, la Madre de su futuro como puertorriqueños, la Madre de su identidad como puertorriqueños, que los puertorriqueños siempre sepan responder la llamada a la Nueva Evangelización en este nuevo milenio. La Nueva Evangelización no es un nuevo evangelio; pues, Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre. La Nueva Evangelización – nueva en sus métodos y su ardor – nos lleva a proclamar con alegría, entusiasmo y credibilidad la buena nueva de nuestra salvación en Cristo Jesús por la mediación de su Iglesia católica que él mismo fundó sobre la roca que fue San Pedro.

Como dijo el actual arzobispo de San Juan, Monseñor Roberto González, en el Santuario de la Virgen el año pasado:

“Puerto Rico hoy necesita desesperadamente escuchar más fuertemente que nunca la proclamación del evangelio. Lo necesita para poder comprender bien el significado de su pasado, los desafíos del presente y las posibilidades para su futuro. Puerto Rico es de historia y tradición cristiana, pero y el futuro? Se puede decir que hoy, el presente, Cristo – la providencia de Dios hecho hombre – es un factor decisivo en la vida Puertorriqueña. Podemos decir que la presencia de Jesucristo en los corazones y las mentes puertorriqueño tiene una gran influencia en como nuestro pueblo diseña su vida social, cultural, política, y económica. ¿Esta Cristo presente en el corazón de nuestras familias? ¿Ilumina la presencia de Cristo a nuestros jóvenes según éstos organizan su vida y se preparan para el futuro que será el futuro de Puerto Rico? Hablamos mucho de identidad y puertorriqueñidad, pero ¿pertenece Jesucristo a esa visión de quiénes somos y quiénes queremos ser? No nos engañemos por muestras de piedad superficiales, por tradiciones folklóricas separadas de sus orígenes en la fe cristiana. Sin la presencia de Cristo como factor clave en nuestra vida, esto no significa nada. Por eso necesitamos una Nueva Evangelización, porque según se pierde en nuestra vida individual y social la presencia de Cristo, se pierde nuestra identidad puertorriqueña.”

María, por ser el primer discípulo de Cristo, es para nosotros la estrella de esa nueva evangelización. En ella descubrimos nuestra identidad como cristianos católicos, y gracias a devoción a ella como Madre de la Divina Providencia y la patrona de toda la Nación puertorriqueña, se les define su identidad como católicos puertorriqueños.

Por eso rogamos a nuestra Santa Madre, a nuestra Patrona, Madre de la Divina Providencia, que nos acompañe y nos guíe en la proclamación del evangelio de su Hijo al Puertorriqueño de hoy y de mañana.

Hagamos nuestra, hoy y siempre, la oración tradicional que surge de tantos corazones y labios puertorriqueños.

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea;
Pues todo un Dios se recrea en tu preciosa belleza.
A ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María,
Yo te ofrezco en este día, mi alma, vida y corazón,
Míranos con compasión, no nos dejes, Madre mía,
Échanos tu bendición; todas las horas del día;
Y también las de la noche; Virgen Sagrada María.
Y si en algo te hemos ofendido,
Perdónanos, Madre mía.
Amén..

 

 

 

 


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