El
Obispo Wenski - HomilÍas
Misa para la elección de un Papa - 18 de abril de 2005
La Iglesia espera la elección de otro que ocupará la silla del Pescador. Hoy, y durante los próximos días, los Católicos de todo el mundo se unirán en oración con los Cardenales reunidos en la Capilla Sixtina para elegir a un nuevo Papa.
Desde el fallecimiento del Santo Padre, los Cardenales han estado conferenciando entre sí, formal e informalmente, en reuniones casi diarias. En estas reuniones han tratado de tomar el pulso del mundo y de la Iglesia.
Naturalmente, no han sido los Cardenales los únicos que lo han hecho en estos días. Y por supuesto en estos días de cónclave - especialmente si éste dura más de varios días - puesto que los Cardenales solamente hablan entre ellos, escucharemos a muchas personas expresar su opinión sobre la Iglesia y el mundo. Algunos, sin duda, bien intencionados y atentos y otros no tanto. Los eruditos y los comentaristas nos ofrecerán la "sabiduría convencional" sobre quién va al frente y quiénes van detrás. Es bueno recordar el proverbio romano: el Cardenal que entra al Cónclave como Papa, generalmente sale de él como Cardenal.
Naturalmente, los Cardenales están aislados. No pueden escuchar el consejo no solicitado que ofrecen los proveedores mundiales de la "sabiduría convencional". Ellos no tienen que escuchar esas voces. Pero como ellos saben –y sospecho que es un conocimiento terrible que inspira pavor y a la vez un santo temor – aunque no tienen que escuchar esas voces, sí tienen que escuchar la voz del Espíritu Santo que habla en los corazones. Ellos no seguirán la sabiduría convencional de los observadores del Vaticano y de los defensores de una causa u otra. Ellos deben guiarse por la sabiduría no convencional – que es la del Espíritu Santo. En la primera lectura de hoy, Pedro rechaza la sabiduría convencional de su época – en relación con el llamado de los Gentiles – y escucha al Espíritu Santo.
El Espíritu Santo, claro está, es el Paráclito o defensor de los fieles. Y el Espíritu Santo, que mora dentro de la Iglesia haciendo de ella la inmaculada Esposa de Cristo, vela siempre sobre la barca de Pedro mientras navega por las tormentosas aguas de este mundo en su viaje de peregrinación hacia el Reino de Dios.
Muchos, por supuesto, tratarán de leer extensamente sobre las deliberaciones en estos próximos días. Y, desafortunadamente, otros muchos interpretarán lo que ven o lo que se imaginan que ven a través del prisma de sus propias experiencias en el mundo de la política de los poderosos. Pero yo diría que el Colegio de Cardenales es algo más que una reunión de un partido. Estos hombres no son agentes del poder como los medios de comunicación los representa a veces. Son hombres, sí –lo que equivale a decir que son pecadores en algún grado, igual que nosotros; pero ellos son hombres de oración y hombres de comunión, es decir, son hombres de la Iglesia. Las labores del Cónclave –al votar para elegir a un nuevo Papa para dirigir la Iglesia universal al comenzar el nuevo milenio – tienen poco que ver con el amor al poder y sí mucho que ver con el poder del amor. Ellos no constituyen una Junta de Directores que buscan contratar a un nuevo Director Ejecutivo de la Corporación del Vaticano. Ellos no buscan un empleado, sino un pastor, un pastor que tenga el corazón y la mente del Buen Pastor. Ellos buscan un Buen Pastor que dedique su vida a las ovejas.
Su tarea será la misma que la de Juan Pablo II y la de aquéllos que le precedieron: cuidar y apacentar a las ovejas. Al igual que la Misericordia Divina obró a través de la vida de este hombre nacido en un pequeño pueblo de Polonia, obrará también a través del nuevo Papa. Y esta Misericordia Divina será siempre mayor que las debilidades o falta de méritos de él o de nosotros. A él se confiará la enseñanza del Evangelio en toda su plenitud.
Esa es la labor del Papa – y en realidad esa es la tarea de cada uno de nosotros – el mensaje del Evangelio se nos confía para que lo compartamos con el mundo. No nos corresponde a nosotros, ni a ningún futuro Papa, alterarlo o adaptarlo a las modas cambiantes del mundo. Y aquéllos que especulan que la elección de un nuevo Papa traerá cambios en las enseñanzas medulares de la Iglesia seguramente se sentirán decepcionados. Ya que el desafío ante el nuevo Papa y ante cada uno de nosotros que deseamos seguir a Cristo fielmente no es cambiar nuestra fe, sino vivir de acuerdo con ella, dejar que ella nos cambie y al cambiarnos, nos ayude a convertirnos en convincentes testigos de la esperanza que albergamos en nosotros.
Rogamos al Espíritu Santo que guíe a los Cardenales en sus deliberaciones. Rogamos que el Espíritu Santo les dé sabiduría – y les dé valor – pues si ellos actúan con la sabiduría y el valor del Espíritu Santo, elegirán un Papa que será un hombre de sabiduría y valor, un Papa que será ese Buen Pastor que la Iglesia y el Mundo necesitan.
Obispo Thomas Wenski
18 de abril de 2005
Misa para la elección de un Papa.
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