El
Obispo Wenski - Declaraciones |
Salvemos a Darfur Ahora
Excmo. Mons. Tomás Wenski
Obispo de Orlando
Presidente del Comité de Política Internacional
de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos
28 de abril de 2006
A través de la inmediatez de nuestra pantalla de televisión, somos testigos una vez más de una crisis humanitaria de proporciones épicas. En el Sudán Occidental y en Chad Oriental, más de 400,000 personas han perecido en tres años, desde que las milicias autorizadas conocidas como las janjaweed iniciaron una despiadada operación de muerte y destrucción en contra de la población no árabe de Darfur. Con el apoyo y el consentimiento del gobierno sudanés en Khartoum, estas milicias han aterrorizado a civiles inocentes en una región del Sudán Occidental del tamaño de Francia. Se han concentrado en ellos, simplemente debido a su etnicidad, para una sistemática campaña de violación de mujeres y niños y de incendiar sus villas sin miramiento alguno.
A principios del 2004, el Obispo John Ricard, entonces presidente del Comité de Política Internacional de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, advirtió que Darfur estaba convirtiéndose rápidamente en el símbolo más reciente de depravación humana y limpieza étnica”. El año pasado, conversaciones entre el gobierno de Khartoum y los grupos rebeldes en Darfur, patrocinadas por la Unión Africana, trajeron una breve tregua en la violencia y aumentaron las esperanzas de una negociación de paz. Estas esperanzas han sido destruídas, después que los líderes del Sudán en Khartoum atacaron con una ferocidad absoluta y desataron a sus partidarios locales con una viciosa furia alimentada por odios étnicos en contra de los grupops étnicos no árabes. A medida que la situación de la seguridad se deteriora tanto en Darfur como al otro lado de la frontera en el vecino Chad, el hacer llegar asistencia humanitaria a los 2.5 millones de personas que han huído de su hogar y al más de un millón que corre el riesgo de morir de hambre, se ha convertido en un reto de enormes proporciones para la comunidad internacional.
El pasado Noviembre, el Papa Benedicto XVI hizo un llamado a los líderes mundiales a que tomaran la acción necesaria para proteger los derechos humanos básicos de la población de Darfur. Desde entonces, muchos intentos bien intencionados se han realizado para detener el creciente ciclo de violencia. Los Obispos Católicos de los Estados Unidos han acogido los últimos esfuerzos de la Administración de Bush para fortalecer las misiones de las pobremente financiadas, mal equipadas e insuficientes tropas de la Unión Africana encargadas de mantener la paz. Se necesita su presencia para llevarle alguna medida de protección a los desamparados civiles de Darfur.
Al mismo tiempo, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos también ha urgido repetidamente a que se apruebe la Ley de Paz y Responsabilidad de Darfur (“Darfur Peace and Accountability Act”). Acogemos los esfuerzos recientes de la Casa de Representantes y del Senado para aprobar una versión de esta crítica legislación. Sin embargo, mientras las muertes llegan inexorablemente al medio millón, estas medidas no son suficientes.
Con demasiada frecuencia, las muertes de africanos – ya sea en el Sudán o en la región de los Grandes Lagos, donde millones han muerto víctimas de la violencia política en el antiguo Zaire – han fallado en asegurar la intervención de la comunidad internacional, ni siquiera han despertado la indignación del mundo. El pasado 30 de Abril, la Concentración Salven a Darfur, que tuvo lugar en el Mall Nacional en la capital de nuestra nación, buscaba centrar la atención en la crisis de los civiles inocentes de Darfur. Esta atención debió de haberse prestado hace mucho tiempo. El pueblo americano no puede permanecer callado ante los asesinatos, las violaciones y la destrucción gratuíta. Como nación, aún ante nuestros actuales compromisos y participación en otras áreas del mundo, nosotros podemos y tenemos que hacer más, mucho más, para defender y proteger a los inocentes civiles de Darfur. Menos que eso menos sería indigno de nosotros, como un pueblo comprometido con la vida y la dignidad humana. El gobierno de los Estados Unidos tiene que intensificar sus esfuerzos para ponerle fin a la intolerable crisis moral y humanitaria en Darfur.
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