Rompan el Ciclo de Violencia en Tierra Santa
Una Declaración del Obispo Tomás G. Wenski
Obispo de Orlando
Presidente del Comité de Política Internacional
de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos
Julio 17, 2006
Una vez más la tierra que es santa para los creyentes judíos, cristianos y musulmanes está sacudida por la violencia y el temor. El trágico y aterrorizador ciclo de provocación y respuesta, de ocupación y resistencia, ha hecho erupción en otro espasmo de violencia mortal. Este ciclo tiene que romperse, especialmente antes de que continúe extendiéndose en un conflicto más amplio y más mortal. La violencia tiene que parar y hay que asegurar un alto al fuego.
Los conflictos en Tierra Santa y en el Líbano son distintos, pero tienen algunas pavorosas semejanzas. En ambos casos hubo violentos y provocadores ataques fronterizos contra el personal militar israelí. Las facciones armadas extremistas – Hamas, Hezbollah, y sus partidarios, incluyendo Siria e Irán- cargan grave responsabilidad. Parece claro que la intención de estos actos era dañar la posibilidad de una negociación, y provocar una drástica respuesta que debilite aún más la posibilidad de un diálogo, de un acuerdo y de algún progreso. Estos ataques provocaron la comprensible respuesta militar israelí en términos del derecho a la defensa, pero que son desproporcionadas e indiscriminadas en algunas instancias.
Como amigos comprometidos del pueblo Palestino, comprendemos las duras realidades de la ocupación y el ansia por un estado propio sostenible; mas no podemos apoyar los intensos ataques con cohetes y las explosiones suicidas contra la población israelí inocente, ni los ataques fronterizos, y los secuestros. Tales actos violan el principio de inmunidad civil y debilitan la posibilidad de una solución negociada del conflicto israelí-palestino.
Como buenos amigos del pueblo de Israel, compartimos su frustración y su ira ante los provocadores ataques. Hace ya mucho tiempo que todos los líderes palestinos, incluyendo Hamas, debieran haber rechazado la violencia y el terror y actuado de manera que haga posible el establecimiento de un estado sostenible para que el pueblo palestino teniendo a Israel como vecino. Es también la hora de que todos los estados y los no-estados actores de la región, incluyendo Hezbollah, renuncien a la violencia, reconozcan a Israel y respeten su seguridad.
Israel tiene derecho a defenderse, pero no podemos apoyar sus indiscriminados contraataques en las áreas de población civil y su infraestructura, los bloqueos y otros actos de guerra en Gaza y en el Líbano. Castigar a una población entera por los actos indefendibles de facciones armadas extremistas no es correcto y causa un daño injustificado a los no combatientes. Tales actos también son contraproducentes, porque profundizan las hostilidades y extienden el círculo de violencia. Israel tiene que actuar comedidamente. Si no, es de temer que Israel se aisle a sí mismo, debilite su seguridad a largo plazo y le haga el juego a los extremistas que buscan una confrontación más amplia y una batalla sin fin contra Israel.
Como amigos leales del pueblo libanés, creemos que, como dijo el fallecido Papa Juan Pablo II, el Líbano debe ser “un modelo” para los pueblos de diferentes creencias que deseen vivir juntos en paz. El conflicto actual pone en riesgo el progreso logrado en liberar al Líbano de la dominación extranjera y en evitar que sea usado como escenario de un conflicto de mayores proporciones. Nuestra Conferencia de Obispos está profundamente perturbada por los actos provocadores de Hezbollah en contra de Israel, que han precipitado la actual crisis y provocado la desproporcionada respuesta militar de los israelíes. Tanto el acto inicial como las consiguientes reacciones han puesto en peligro al pueblo libanés y a su vulnerable democracia. Como dijo recientemente nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI: “Ni los actos terroristas ni las represalias pueden ser justificadas, especialmente cuando conllevan trágicas consecuencias para la población civil”.
Nuestra Conferencia de Obispos Católicos hace un llamado a los Estados Unidos para que ejerza un mayor liderazgo ante todas las partes en conflicto, y trabaje más intensa y multilateralmente para ponerle fin a las provocaciones y a la violencia, para lograr un cese al fuego, para contener a Israel, y avanzar hacia negociaciones entre los israelíes y los palestinos con el fin de lograr la seguridad para Israel, un estado sostenible para los palestinos, y la independencia del Líbano.
Los recurrentes ciclos de violencia mortal ponen en peligro la estabilidad del Líbano y debilitan a los valientes protagonistas en ambas partes que buscan una solución justa al conflicto israelí-palestino basada en la existencia de dos estados. El tristemente recurrente y previsible ciclo de provocaciones violentas por parte de elementos extremistas, y las respuestas desproporcionadas, no sólo toman vidas humanas, sino que dañan las esperanzas de seguridad de los israelíes, las de un estado libre y sostenible de los palestinos, y las de un futuro de paz, de verdadera independencia y prosperidad para los libaneses.
Nuestra Conferencia apela a todos los líderes de la región y a los líderes de nuestra nación, para que pongan en claro que la violencia desde cualquier parte, por cualquier propósito, no puede llevar una paz duradera y justa a la Tierra que llamamos Santa. Unimos nuestras plegarias a las de nuestro Santo Padre, quien dijo sobre la actual crisis: “Oremos a María, Reina de la Paz, para que le implore a Dios por el don fundamental de la concordia, llevando de nuevo a los líderes políticos al camino de la razón, y abriendo nuevas posibilidades de diálogo y de acuerdo”. |