LA VISION REVELADA
¡Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo!
Carta Pastoral de S.E.R. Monseñor Thomas G. Wenski Obispo de Orlando
Primer Sínodo General de la Diócesis de Orlando Asamblea Sinodal
Agosto 26, 2006
Nuestro Sínodo Diocesano concluye con la audaz proclamación a todos los Católicos del Centro de la Florida para crecer, dirigir y compartir una Fe viva en Jesucristo
Introducción
- El Papa Benedicto XVI comenzó a servir a la Iglesia Universal hace más de un año con la proclamación, ¡“La Iglesia está viva!” Durante los últimos 18 meses, hemos sido testigos de las muchas y profundas formas en que en el Centro de la Florida también la iglesia está viva.
- El año pasado, durante la Misa Crismal del 2005, convoqué nuestro Sínodo Diocesano –el primero en la joven historia de nuestra diócesis- con su tema Comenzando Desde Cristo. Nuestro Sínodo ha sido un histórico “encuentro” de nuestra familia eclesial para considerar los desafíos y oportunidades ante nosotros, y para planear cuidadosamente de acuerdo a la voluntad de Dios nuestra Iglesia en el Centro de la Florida.
- El propósito más importante de nuestro Sínodo ha sido el ayudarnos a reavivar el Evangelio en las mentes y corazones de nuestros sacerdotes, diáconos, religiosos y miembros de la feligresía cristiana. Como católicos, no podemos alejarnos ni escondernos de la cultura que nos rodea. Tampoco podemos rendirnos ante esa cultura. Estamos llamados a contrarrestar la cultura siendo testigos de la esperanza. Nuestro Sínodo nos ha permitido identificar nuevas oportunidades para captar plenamente nuestra cultura, ser testigos de fe, esperanza y caridad llamados a transformar el mundo en que vivimos.
- En el dia de hoy tengo el gusto de informar que, con la participación de un número sin precedentes de feligreses –más de 1,000, que sirvieron en una o más de las 20 comisiones creadas- hemos alcanzado nuestro propósito principal. Hemos oído la llamada del Señor en su Gran Misión: “Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt. 28:19)”. Nosotros hemos respondido con un compromiso renovado para crecer, dirigir y compartir la fe viva que recibimos de los Apóstoles y de todos los que pasaron antes que nosotros por esta Diócesis de Orlando.
Un pueblo con Fe Viva
5. Con sus múltiples oportunidades para sumarse activamente a la Iglesia de Dios viva, la experiencia de nuestro Sínodo nos desafía a ser más auténticos y más efectivos como testigos de una esperanza que no decepciona: Jesucristo. Para verdaderamente tener éxito en nuestro testimonio de esperanza en Cristo, tenemos que ser un pueblo que se comprometa a crecer, dirigir y compartir nuestra fe viva en El.
Crecer
6. Estamos comprometidos a crecer en nuestra vida personal y en nuestra relación de amor a Jesús dentro de su Iglesia y a través de ella. Estamos comprometidos en hacer crecer nuestras parroquias, escuelas, vocaciones, Caridades Católicas y otros ministerios diocesanos. Y también estamos comprometidos a desarrollar los recursos humanos y financieros que se necesitan para llegar a ser testigos auténticos y efectivos de la esperanza en Cristo.
Dirigir
7. Yo estoy comprometido a dirigir la Iglesia a todos los niveles. Todos los bautizados católicos están llamados a ayudarme en dirigir nuestra Diócesis. Sacerdotes, diáconos, religiosos y feligreses de Cristo, todos tienen un papel que jugar en dirigir a nuestras familias hacia una nueva experiencia de santidad – y en dirigir nuestras parroquias, escuelas, Caridades Católicas y otros ministerios diocesanos hacia una vida plena en Cristo. Hemos oído el llamado para llegar a ser más amantes, más justos y más fieles a la llamada de Dios.
Compartir
8. Estamos comprometidos en compartir. No somos individuos aislados. Somos una familia de fe, llamada a compartir en presencia de Dios ofreciendo nuestro tiempo, oraciones y completa participación en la Misa dominical y en la vida de la Iglesia. Estamos llamados a compartir nuestro tiempo y talento como fieles administradores - sirviendo a los allegados a nosotros y a los que más lo necesitan. Y estamos llamados a compartir nuestro tesoro (nuestros recursos financieros) en proporción a las bendiciones que Dios nos ha dado, dando desinteresadamente en espíritu de amor por el Señor y por los demás, especialmente los pobres y marginados.
María: Testigo Supremo de Esperanza
9. María es el testigo perfecto de la esperanza. Cualquiera que sean las circunstancias, los obstáculos o su profundo sufrimiento, María se dirige a Jesús y lo señala como nuestra verdadera y eterna esperanza – la única esperanza que no defrauda.
10. El mundo necesita a Cristo – y debido a que el mundo necesita a Cristo, el mundo necesita que nosotros hablemos de Cristo. Como María en las bodas de Caná, no podemos vacilar en hablarle al mundo y decirle: “Hagan lo que El (Jesús) les diga” (Jn 2:5). Es por esto que la Iglesia no puede tener miedo a hablar como María habló en Caná.
11. Tenemos una propuesta para presentar, tenemos algo que decir, tenemos una palabra que compartir con el mundo, y Jesús es esa palabra. Porque Jesús revela la verdad sobre el hombre, sobre su dignidad, sobre su destino. Jesús es la Verdad que nos da esperanza. Jesús es la Verdad que nos hace libres.
12. Para un mundo en pos de sentido y dirección en la vida, para nuestra juventud que se pregunta si es posible hacer un compromiso permanente en el matrimonio o en la vida religiosa consagrada, para nuestros ancianos que viven en soledad y aislamiento, para los pobres en busca de un lugar digno a la mesa de la solidaridad humana, tenemos que ser testigos de esperanza.

13. Para poder ser testigos de esperanza, tenemos que hablar clara y coherentemente. Y lo que decimos tiene que estar acompañado de acción. Por esta razón, la Iglesia de hoy, al igual que en el pasado, tiene que ponerse al servicio de la caridad, porque a través de su obra caritativa, la promoción de la dignidad humana y los derechos humanos la Iglesia continúa nutriendo una cultura de solidaridad. En las palabras del Siervo de Dios, Papa Juan Pablo II, en Novo Millennio Ineunte, “apuesta todo en la caridad” para que el desempleado, el enfermo, el anciano aislado o abandonado, el indigente, el joven marginado, el inmigrante y el refugiado –todos los pobres- encuentren en la Iglesia el refugio a donde el Buen Samaritano llevó al que asaltaron para su recuperación. Es la solidaridad –la convicción de que somos el guardián de nuestro hermano- lo que dará esperanza renovada a los pobres.
14. Solamente mediante una vida transformada por la gracia podremos proclamar el Evangelio con sabiduría y convicción. Al ser testigos de la esperanza, podremos convencer al mundo de que el camino de Jesús es el camino de la verdadera libertad; al ser testigos de la esperanza, podremos convencer al mundo de que la vida de Jesús es una vida de verdadera felicidad; al ser testigos de la esperanza, podremos convencer al mundo de que la verdad de Jesús revela la verdad sobre Dios y la verdad sobre el futuro de la humanidad en Dios. Por el amor al prójimo en la comunión de los santos y en nuestra solidaridad con nuestros hermanos en crear un mundo mejor, damos testimonio de la esperanza que no decepciona – Jesucristo.
Una fé fuerte y viva
15. Uno de los grandes desafíos de nuestro Sínodo ha sido explorar la manera de resaltar de forma práctica la manifestación de la Iglesia en el Centro de la Florida para así desarrollar y acrecentar las realidades espirituales que se esconden a la vista, pero que son importantes para nosotros como Pueblo de Dios en la Diócesis de Orlando. Como dijera el Papa Benedicto en su reciente viaje a Polonia “Una fe fuerte tiene que soportar pruebas, y una fe viva siempre tiene que crecer”. De todos los dones que recibimos durante este proceso, creo que el más valioso y perdurable ha sido el testimonio de una “fe viva”.
16. Por el Bautismo, cada uno de nosotros se incorporó como miembro del Cuerpo de Cristo. Por este profundo sacramento de esperanza, se nos recuerda que el cuerpo de Jesús es un cuerpo vivo. Su cuerpo fué cadáver en la tumba solo por tres días, pero el Domingo de Resurrección resucitó de entre los muertos y ya no morirá jamás. Por el Bautismo, cada uno de nosotros se incorporó como miembro del Cuerpo de Cristo – del Cuerpo vivo de Cristo. Y si queremos ser miembros vivos del Cuerpo (no miembros muertos), entonces el soplo de Dios, el prometido Paráclito, nos traerá la vida en Cristo. “Recibe al Espíritu Santo”, nos dice Jesús, “como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes” (Jn 20:21). El soplo de Dios nos hace vivos en Cristo. Ese Espíritu Santo es el Espíritu de Amor – el Espíritu de Verdad.
17. El antiguo proverbio Gloria Dei, homo vivens, la gloria de Dios es que el hombre viva, se manifestó en el Cenáculo el dia de Pentecostés. Las lenguas de fuego testificaron la gloria de Dios y la valiente proclamación de la buena nueva sobre Jesús es testimonio que esta banda de conflictivos y amedrentados discípulos llegó a la vida en su plenitud. De la misma forma que el Espíritu Santo capacitó a los primeros discípulos alrededor de María en el Cenáculo el día de Pentecostés, le rogamos que también El nos capacite a todos aquí en el Centro de la Florida para ser sus testigos a medida que llevamos a cabo la obra de Cristo en estos tiempos difíciles.
Estamos llamados a ser distintos
18. Al meditar en la consulta y planificación que ha tenido lugar en los pasados 18 meses, no puedo menos que expresar nuestra visión en términos similares a las palabras del Papa Benedicto al principio de su primera encíclica Deus Caritas Est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Al citar la primera carta de San Juan, hemos creído en el amor de Dios, el Santo Padre nos recuerda que con estas palabras el cristiano puede expresar la opción fundamental de su vida.
19. Desde hace ya muchos años lidiamos con el mayor desafío de nuestro tiempo –el secularismo. El Papa Benedicto no da una definición concisa de lo que es el secularismo. Lo llama “una forma de vida y de estar en el mundo como si Dios no existiera ‘quasi Deus non daretur’”. Se reduce a Dios a la esfera privada – no una realidad objetiva fuera y por encima de nosotros mismos- sino solamente un sentimiento producto de nuestra propia subjetividad. Ese tipo de mundo es un mundo de premoniciones oscuras, en el que el hombre sólo vive para morir - precisamente el tipo de mundo al que Cristo vino. Leemos en el Evangelio que Jesús nos envía a un mundo que necesita que seamos distintos. Jesús dice en el Evangelio de Juan, “Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes” (Jn 20:21).
20. La confianza y el valor para llevar algo diferente a un mundo con hambre y sed de Dios son dones del Espíritu Santo. Vemos los primeros frutos de esos dones en los Apóstoles, que con renovada confianza y valor proclamaron a Cristo crucificado ante los reunidos en Jerusalén el primer domingo de Pentecostés. Y a medida que empezamos a implementar lo aprendido durante el Sínodo Diocesano, nosotros también rezamos: ¡Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra. Haznos testigos auténticos y efectivos de tu esperanza!
La Visión Revelada: ¡Llamados a ser Testigos de la Esperanza, llenos de Vida en Cristo!
21. Nuestra responsabilidad -como individuos y como comunidades de fe- en ser Testigos de la Esperanza, llenos de Vida en Cristo es la visión que yo, el Obispo de Orlando, ofrezco al pueblo católico del Centro de la Florida. Comparto esta visión con todos mis hermanos sacerdotes y diáconos, con los religiosos consagrados que sirven fielmente en esta diócesis, y con los creyentes en Cristo, cuya fe y generosidad han edificado y sostenido esta relativamente joven iglesia local.
22. Nuestra diócesis presenta una diversidad extraordinaria. Venimos de diferentes regiones de los Estados Unidos y del mundo. Hablamos diferentes idiomas. Reflejamos las costumbres y experiencias de diferentes culturas. Somos ricos y pobres, viejos y jóvenes, tradicionales y progresistas. Somos nativos de la Florida, trasplantados de otros estados, inmigrantes de otras naciones. Somos urbanos, suburbanos y rurales. Cada día damos la bienvenida a extranjeros de todas partes del mundo a la belleza natural, las oportunidades económicas y las atracciones creadas para atraer mucha gente al Centro de la Florida.
23. Nuestro llamado a ser Testigos de la Esperanza, llenos de Vida en Cristo es una visión que Cristo ha hecho posible por Su encarnación, muerte y resurrección. La esperanza es el don del Espíritu Santo compartido con nosotros en Pentecostés al nacer la Iglesia y cuando los primeros Cristianos fueron enviados a todos los rincones del mundo conocido a predicar el Evangelio y establecer en la tierra la semilla y el comienzo del reino salvífico de Cristo.
24. Nuestra visión, la esperanza en el Cristo vivo, se hace posible solamente mediante la integración de los temas sinodales de comunión, conversión, solidaridad y administración en nuestra vida diaria. Estas no son solamente palabras bonitas o conceptos teológicos que no afectan nuestra vida real. Son caminos esenciales hacia un futuro lleno de esperanza. No podemos hacer realidad nuestra visión para una Iglesia en el Centro de la Florida sin un compromiso real y sostenido hacia estos muy profundos, y a la vez prácticos conceptos. Y paso a explicar cada uno de ellos.
25. Estos son temas que creamos para nuestro Sínodo Diocesano siguiendo el sabio consejo del Papa Juan Pablo II en su carta apostólica Ecclesia in America (La Iglesia en América). Estos cuatro temas son oportunidades para empezar de nuevo desde Cristo. Dan forma al “programa del Evangelio” que el Papa nos dice “sigue introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial, como siempre se ha hecho”.
Comunión
26. Ser testigo de la esperanza en Cristo significa entrar en comunión con El y con nuestros hermanos y hermanas en la familia de Dios. Significa compartir Su misión evangelizadora y proclamar la Buena Nueva mediante nuestras palabras y nuestro ejemplo. Como dice el Papa Juan Pablo II en su exhortación apostólica Novo Millennio Ineunte (Entrando al Nuevo Milenio), nuestras parroquias tienen que ser escuelas de oración y de comunión.
27. La comunión con el Padre, en Cristo, por el don del Espíritu Santo, es el sentido y meta última de la vida humana. El Señor nos da el don de Sí mismo en la Eucaristía y en los sacramentos de vida nueva, sanación, vocación y misericordia que la Iglesia administra en lugar del Señor. Y así, a través del bautismo y la confirmación, entramos a una Iglesia que es comunión de los santos –como nos enseña el Credo de los Apóstoles. Pero la Iglesia es también comunión en la vida de Dios mismo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es a través de la genuina comunión con Dios y nuestros semejantes que podemos verdaderamente experimentar y compartir el don de la esperanza en el futuro.
Conversión
28. Un encuentro personal con Cristo enfrenta a cada uno de nosotros con serias exigencias. Estamos llamados a la conversión – a cambiar la manera en que vivimos – y retados a ver el mundo de otra forma – bajo los ojos de la fe en Cristo. Somos libres de aceptar el llamado al discipulado o a rechazarlo (como el joven rico del Evangelio), pero si buscamos seguir a Jesús, tenemos que dejar atrás nuestro antiguo modo de vida y empezar de nuevo en El.
29. En Novo Millennio Ineunte, el Papa Juan Pablo II nos desafía a seguir seriamente el llamado a ser discípulos. Individualmente y como comunidad de fe tenemos que rechazar el camino fácil – el camino de moralidad mínima, de mediocridad o de mera religiosidad sentimental. ¡El único camino auténtico para los que escogen seguir a Jesús es el camino de la cruz, y para poder tomar este camino, tenemos que entrar en una relación personal con Jesús y confiar en Su gracia para sostenernos en tiempos buenos y tiempos malos!
30. La experiencia personal de Cristo nos obliga a velar por nuestros hermanos y hermanas –especialmente aquellos miembros de nuestra familia que son pobres, sufren o están alienados de una forma u otra. Cuando Cristo nos toca, cuando encontramos su bondad amorosa, es imposible permanecer aislados o solitarios. El don de sí mismo es la esencia de la vida Cristiana. Estamos llamados a vivir nuestra fe en solidaridad con la humanidad entera.
31. El mundo en que vivimos día a día es el único camino al cielo. Como consecuencia, tenemos que estar involucrados en él. Tenemos que comprometernos con el evangelio de vida y con la labor de construir una sociedad justa y pacífica aquí y ahora. El catolicismo no es una religión privada, nos compromete en hacer un mundo mejor. Se trata de quitar del camino los obstáculos que se presentan ante los pobres y marginados para su encuentro con Dios, de manera que todos juntos podamos experimentar el reino de Dios aquí en la tierra y cuando lleguemos a nuestra morada celestial.
Administración
32. Finalmente, el llamado de Comenzar desde Cristo nos desafía a vernos nosotros mismos como administradores de todos los dones espirituales y materiales que hemos recibido de Dios. En realidad, nada de lo que tenemos (o somos) es nuestro exclusivamente. Todo – incluyendo el aire que respiramos, el agua que tomamos, el pan que compartimos, la ropa que usamos y el techo sobre nuestra cabeza – viene de Dios como puro regalo. Como discípulos de Jesús, tenemos que desarrollar nuestros dones y talentos, usar nuestros bienes responsablemente; y compartir generosamente con los demás todas las bendiciones que hemos recibido de un Dios bueno y lleno de gracia.
33. Comunión, conversión y solidaridad llevan naturalmente a la administración, cuidado y distribución de todos los dones espirituales y materiales que Dios nos ha concedido para la creación, redención y santificación de nuestro mundo. Estamos llamados a ser administradores de la esperanza que hemos recibido en Cristo – y a compartir esta esperanza generosamente, como hizo María cuando señaló a Cristo y dijo, ¡“Haced lo que El les diga!”.
Nuevas Oportunidades y Desafíos
34. En nuestro planeamiento, tomamos en consideración las muchas y nuevas oportunidades y desafíos que enfrenta la Diócesis de Orlando en los años venideros. La riqueza y complejidad del futuro que anticipamos pone de manifiesto la urgente necesidad de poner en oración nuestro llamado a la conversión y la santificación, y la necesidad de forjar una visión común y un plan para la Diócesis de Orlando en sus múltiples facetas dentro del Centro de la Florida - nuestras parroquias, nuestras escuelas, las agencias de Caridades Católicas y las muchas otras organizaciones testigo de nuestro trabajo transformador.
35. Por medio de nuestro Sínodo, los Católicos de la Diócesis de Orlando han tenido la oportunidad de ayudar a forjar nuestra visión y nuestros planes para que, Comenzando desde Cristo, enfrentemos los desafíos de la evangelización en el nuevo milenio. Con la ayuda de Dios y la colaboración activa de tanta gente, el Sínodo es para todos el nuevo comienzo de una excitante obra de revitalización pastoral que es labor constante de cada generación. La visión revelada a través de este extenso proceso, Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo, no es nueva; pero yo creo que esta visión histórica y a la vez nueva de lo que estamos llamados a ser y a devenir como Iglesia en el Centro de la Florida tiene que enfocarse más claramente como resultado del proceso de discernimiento que acabamos de terminar. Ahora más que nunca sentimos el llamado a ser testigos de esperanza. ¡Ahora más que nunca sentimos que nuestra Iglesia está viva en Cristo, que nuestra Iglesia es joven en la fe, la esperanza y la caridad!
Nuestros Planes para el Futuro
36. Por medio de un proceso de planeamiento, hemos identificado las características de un plan pastoral detallado – “objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura”.
37. Nuestro plan no es un fin en sí mismo. Es un principio, una guía, una dirección a tomar que nos muestra hacia dónde debemos ir. Nuestro plan es un documento vivo. Cambiará a medida que nuestras circunstancias y necesidades cambien. Requerirá adaptación y renovación del mismo modo que los planes de la Iglesia y los programas tienen que ser continuamente revisados, refrescados y hasta reformados para servir al Cuerpo de Cristo, que a su vez se renueva siempre por medio del Espíritu Santo.
38. El Sínodo ha sido un proceso y un instrumento que me ha ayudado en mi labor de dirección pastoral. Fue diseñado específicamente para ayudarme –a mí y también a los sacerdotes de esta diócesis- a entender las necesidades de los que servimos. Hemos escuchado las necesidades del pueblo de Dios. Ahora estamos preparados para actuar en ellas. ¡Como Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo enfrentaremos los desafíos y las oportunidades que nos esperan!
39. Hay tres iniciativas mayores que surgieron en el proceso de planeamiento y que establecen directivas importantes para nuestra diócesis:
CRECIMIENTO – Estamos decididos a responder al crecimiento que ya ha tenido lugar en el Centro de la Florida y que nos llama como individuos y como Iglesia diocesana a un renovado compromiso en ser Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo. Desde que tomé posesión de la Sede de Orlando en Noviembre 2004 y hasta la fecha, he creado ocho nuevas parroquias y misiones. Nuestro plan contempla la creación de nuevas parroquias, escuelas y ministerios diocesanos.
FACULTAR A NUESTRO PUEBLO – Al escuchar a nuestros sacerdotes y diáconos, a los consagrados en la vida religiosa y a los fieles en todas las regiones de nuestra Diócesis, se hizo perfectamente claro que necesitamos ayudar a todos a responder la llamada del Señor en su Gran Encomienda ofreciendo oportunidades y recursos para el entrenamiento y la formación espiritual.
CONFERIR PODER A NUESTRAS INSTITUCIONES – Nuestro plan contempla iniciativas significativas para fortalecer las parroquias, escuelas, las agencias de Caridades Católicas y otros ministerios diocesanos. La Cancillería no existe para sí misma. Existe para proveer los recursos a las instituciones de la Iglesia (especialmente las parroquias) donde la obra de Cristo se siente más directamente – en la celebración de los sacramentos, en la enseñanza y propagación de la fe, en el servicio a las necesidades humanas y en la ayuda a los pobres y marginados.
¿Cómo podemos asegurarnos que los planes desarrollados no se conviertan en “un programa más”? ¿Cómo planeamos un encuentro personal con Cristo, una renovación de esfuerzos para ser Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo?
Todos los planes y prioridades deben ser sometidos a un simple cuestionamiento que podríamos llamar un examen de nuestra conciencia colectiva:
- ¿Nos acerca esta actividad a Cristo y su Iglesia? ¿Nos ayuda a conocer a Cristo y darnos a conocer por El?
- ¿Nos motiva esta actividad a amar a Cristo y su Iglesia de todo corazón – con renovado fervor y entusiasmo?
- ¿Sirve esta actividad a Cristo en la persona de los que sufren, los aislados, los marginados, los vulnerables o pobres material o espiritualmente?
- ¿Nos despierta esta actividad sobre los dones que recibimos de Cristo en su Iglesia? ¿Nos desafía a desarrollar y compartir lo que hemos recibido con abundancia del Señor y a devolver esos dones incrementados?
- ¿Nos ayuda a ser más auténticos y efectivos Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo?
Un nuevo Consejo Pastoral Diocesano se creará con la responsabilidad de guiar la implementación de los planes de nuestro Sínodo. Todos nuestros planes nos ayudarán a ser auténticos y efectivos Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo.
40. A continuación hay un sumario de nuestras prioridades pastorales de acuerdo a los cuatro temas principales: Comunión, Conversión, Solidaridad y Administración:
Prioridades Pastorales que promueven la Comunión
- Las parroquias deben ser escuelas de oración y comunión. Como diócesis, una de nuestras prioridades más importantes debe ser la de ayudar a nuestras parroquias a crecer en su vida de oración y en su experiencia de comunión con Cristo. Nuestro plan establece la creación 10-15 parroquias y/o misiones nuevas en los próximos 10 años para cubrir las necesidades de nuestra creciente y diversa comunidad católica del Centro de la Florida.
- La liturgia es fuente y cumbre de la vida cristiana. Pondremos un renovado énfasis en la necesidad de la Misa dominical en la vida de los creyentes. También se proveerá la formación litúrgica necesaria a nuestros sacerdotes y ministros laicos.
- Necesitamos incluir y dar la bienvenida al aporte que los diferentes movimientos eclesiales traen a nuestra diócesis. Por ejemplo, el movimiento de escuelas hogareñas tiene que incluirse como una oportunidad para que las familias puedan ejercer su responsabilidad primaria en la educación y la formación en la fe de sus hijos.
- El Centro de Retiro San Pedro continuará jugando su importante papel como lugar de reunión para las parroquias en su obra como escuelas de oración y de comunión – y también será un medio de apoyo a nuestros movimientos eclesiales.
- Continuar celebrando anualmente una Misa multicultural donde se celebrarán las culturas que componen nuestra diócesis. También queremos promover las fiestas patronales de los diversos grupos étnicos, tales como la celebración filipina de la Virgen de Antipolo / Nuestra Señora de la Paz y el Buen Viaje.
Prioridades pastorales que promueven la Conversión
- Todos los ministerios de la Diócesis de Orlando deben buscar oportunidades para que individuos y comunidades desarrollen una relación personal con Jesucristo – una relación vivida en comunión con la Iglesia Católica. Un encuentro personal con Jesucristo nos inspira a seguirlo como discípulos, sin importar el costo. Este debe ser el fruto de la Nueva Evangelización a medida que toma cuerpo en nuestra diócesis. El verdadero discipulado viene del corazón. Nunca se reconcilia con compromisos mínimos o mediocres. Para renovar y revitalizar nuestra fe en Cristo como iglesia local, planeamos dedicar el año de nuestro 40 Aniversario como Diócesis (2008) como “Año de Evangelización”.
- Necesitamos sacerdotes que cuiden de nuestros feligreses y sean Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo, pastores de fieles en Cristo. En este momento, la mitad de los sacerdotes que sirven a la Diócesis de Orlando tienen más de 60 años. Afortunadamente, nuestros sacerdotes son hombres excelentes. Trabajan duro y están dedicados al Señor y a su pueblo, y podemos ver esto en lo mucho que ellos hacen y aceptan. Nuestro plan establece una posición a tiempo completo para un director de apoyo a los sacerdotes. Tenemos que procurar que los sacerdotes sean sacerdotes mediante el apoyo necesario que les permita delegar sus responsabilidades administrativas y de otro tipo al personal de la parroquia y a los fieles.
- Tenemos que dar alta prioridad a las vocaciones al sacerdocio en nuestros planes futuros. Tenemos ahora un sacerdote que trabaja solamente en las vocaciones, y este año tenemos ocho nuevos jóvenes entrando al seminario, cifra record por muchos, muchos años. Tenemos nuevas y novedosas estrategias para aumentar las vocaciones. Por ejemplo, esperamos poder crear un nuevo Centro Católico en UCF, crear comités vocacionales en las parroquias y escuelas, así como aumentar el personal en la oficina diocesana.
- Planeamos fortalecer la formación de diáconos para que sean aún más efectivos como Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo.
- Nuestras escuelas continuarán siendo instrumentos vitales de catequesis y evangelización en nuestra diócesis, inspiradas por una visión sobrenatural, basadas en una antropología cristiana, animadas por comunión y comunidad, imbuidas de una visión Católica del mundo a lo largo de su currículo y sostenida por el testimonio evangélico.
- Tenemos que fomentar líderes profesionales de catequesis parroquial que tengan una fe católica bien asentada – con personal de educación religiosa a nivel regional y centros de entrenamiento y talleres – y ampliar los programas de formación religiosa para catequistas y Directores de Educación Religiosa. Nuestra meta no es simplemente tratar de ayudar a nuestros maestros a ser mejores catequistas, sino a ser mejores católicos que sean Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo. El Papa Pablo VI nos recordó en su Carta Apostólica sobre la evangelización que hoy en día la gente no aprende tanto la fe por medio de maestros, sino por medio de testigos.
- En el mundo de hoy, tenemos que darle alta prioridad a ayudar a los jóvenes en su formación para vivir su fe. En una sociedad hostil al tipo de vida revelada por el Evangelio, nuestro plan apela a nuevos esfuerzos por llegar a los jóvenes e invitarlos a ser Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo en el presente y en el futuro. Nuestro plan incluye la creación de un departamento independiente encargado de los Jóvenes y Jóvenes Adultos, el establecimiento de un programa piloto en 20 parroquias para este ministerio, y el fortalecimiento de la pastoral universitaria en todos los centros de educación superior del Centro de la Florida.
- Apoyamos la familia como unidad básica de la Iglesia y la sociedad. Necesitamos alentar la lectura de la Palabra de Dios en familia, el compartir como familia la Eucaristía dominical, rezar juntos en el hogar y realizar obras de caridad en la casa y desde la casa. Esto debe ser parte de la catequesis familiar “en la casa” – y tal catequesis, basada en la familia, afianzará la debida integración por parte del niño de las lecciones ofrecidas en la catequesis más formal proporcionada por la parroquia.
Prioridades Pastorales que promueven Solidaridad
- Como se indica anteriormente, el catolicismo no es un asunto privado. Trata de hacer del mundo un lugar mejor y remover obstáculos para que los pobres y marginados puedan alcanzar el cielo –y en el proceso- encontrar también nosotros nuestro camino.
- Nuestros planes contemplan un crecimiento significativo en el alcance de nuestras Caridades Católicas para atender con más efectividad las necesidades de los ancianos, los pobres y los marginados –no importa su antecedente religioso, social o económico – y mejorar la vida individual y familiar de nuestra comunidad en el Centro de la Florida.
- Planeamos extender nuestra presencia e impacto en la hermana diócesis de la República Dominicana mediante iniciativas innovadoras en el campo de la educación, la salud y la construcción de viviendas; y explorar medios de desarrollar nuevas oportunidades de ayuda a nuestros hermanos y hermanas en Haití.
- Nuestra diócesis está bendecida con dones y talentos aportados por gente de diferentes culturas. No son “clientes” para los que trabajamos. Son miembros de los fieles cristianos que pertenecen a nuestra comunidad y contribuyen con su experiencia, esperanzas y sueños a la vida de nuestra Iglesia diocesana. En nuestro planeamiento, esperamos dedicar nuevos e importantes recursos a la coordinación y extensión de todos los ministerios étnicos. Al mismo tiempo, alentamos el entrelazamiento entre parroquias de nuestra diócesis para que nuestro tiempo, talento y tesoro se comparta más allá de los límites territoriales de cada parroquia.
- Como Iglesia diocesana, afirmamos nuestro compromiso con la justicia, la paz y la inviolabilidad de la vida humana.
Prioridades Pastorales que promueven la buena Administración
- Nuestro plan nos compromete a tener una fe activa para crecer, liderear y compartir todos los dones que recibimos de Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Como dijera el Papa Benedicto “Dios es el donante que nunca cesa de dar” Todo lo que tenemos y todo lo que somos viene de Dios como puro regalo. Nuestra responsabilidad como administradores es cuidar y acrecentar los dones recibidos de Dios, compartirlos generosamente con los demás y devolverlos al Señor con demasía. En el planeamiento de nuestro Sínodo tomamos medidas para desarrollar e incrementar los recursos humanos y financieros que necesitamos para llevar a cabo el trabajo de Cristo en el Centro de la Florida.
- Planeamos crear una Fundación Católica para avanzar la misión y la visión de la Diócesis Católica de Orlando. Esta fundación fomentará entre individuos y familias la administración desinteresada de los medios obtenidos mediante sus donaciones generosas. La salvaguarda de estos recursos se realizará mediante una rigurosa y transparente rendición de cuentas bajo el liderazgo de la Junta Directiva de la fundación, para poder responder a las crecientes necesidades de la Iglesia.
- Las oficinas de la Cancilleria se reorganizarán para apoyar mejor el trabajo de nuestras parroquias y escuelas, y asegurar estructuras responsables de liderazgo a nivel diocesano que respondan a las necesidades de parroquias, escuelas y otros ministerios.
- Planeamos crear el nuevo Consejo Pastoral Diocesano que, en conjunto con representantes del Consejo Sacerdotal y los Decanos, supervisará la implementación de todos los planes del Sínodo.
De esta forma, como buenos administradores de los dones que Dios nos ha dado, jamás olvidaremos que el Espíritu Divino nos ha ungido para “llevar la buena nueva a los pobres”. Compartiendo nuestro tiempo, talento y tesoro, fieles a nuestra vocación bautismal a la santidad, para que podamos extender siempre y en todas partes la buena nueva de la esperanza en Cristo, plenamente vivo ayer, hoy y siempre.
Conclusión: Oración… Nuestra Fuente de Fortaleza para Servir Humildemente
41. El Papa Benedicto escribió en Deus Caritas Est (#35): “Hará con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiará el resto al Señor. Quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo en lo que podemos y hasta que El nos dé fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que está en nuestras manos con las capacidades que tenemos es tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: “Nos apremia el amor de Cristo” (2 Co 5, 14)”. Esta humildad es la que debe caracterizar la disposición interior de cualquiera, de todos los que desean caminar por el camino de la vida como discípulo de Dios. Porque sin ella nos desviaremos por uno u otro camino equivocado.
42. En vez de dejar que el Señor nos guíe, podríamos, por ejemplo, dejarnos llevar por la tentación de hacernos cargo; en otras palabras, podríamos decidir tomar nuestro propio camino en vez de seguir el suyo. O podríamos ir al otro extremo y dejarnos llevar por una cierta inercia mediante la cual explicamos nuestra mediocre respuesta a los desafíos del discipulado diciendo: “De todas formas, da lo mismo”.
43. Sin la humildad de la que el Papa Benedicto habla, todos podemos perdernos. Y para que no nos perdamos, el Papa Benedicto, en su bella encíclica Deus Caritas Est, ofrece como único antídoto: una relación viva con Cristo – una relación alimentada y fortalecida por la oración.
44. La oración nos da serenidad – porque en oración aprendemos a confiar en el poder de la Divina Misericordia aún cuando confrontamos la debilidad de nuestra propia naturaleza humana. La oración nos recuerda que hay que “dejar todo a Dios”. Por supuesto, esto no significa una resignación pasiva frente a los desafíos de la vida. Tenemos que orar como si todo dependiera de Dios, y trabajar como si todo dependiera de nosotros. Pero la oración tiene que ser el “alma” de toda actividad humana. De esta forma, la oración puede mantenernos humildes mientras que la humildad en sí es la base de la oración. Según nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. 2559) el que habla con Dios “desde lo más profundo” de un corazón humilde y contrito experimentará el don de la oración.
45. Verdaderamente, si queremos servir a nuestros hermanos y hermanas al tratar de dejar este mundo un poco mejor, tenemos que seguir el ejemplo de Cristo que se arrodilló y le lavó los pies a sus discípulos. Tenemos que arrodillarnos –con humildad- a lavar los pies de la gente que queremos servir; más si lo hacemos consistente y constantemente, día a día, entonces tenemos que aprender a arrodillarnos ante Dios en humilde adoración y oración. De esta forma estaremos siempre preparados para “hacer lo que podamos y dejar el resto al Señor”.
46. El intenso, creativo y constante trabajo de las comisiones del Sínodo –que involucraron a tanta y diversa gente de todas las áreas de nuestra diócesis- ha demostrado sin duda alguna que se necesita hacer mucho más para llevar a cabo la misión de la Iglesia en el Centro de la Florida. Pero también ha demostrado que tenemos dones en abundancia, talento y recursos que pueden ser desarrollados y compartidos en nuevas formas y hacer realidad nuestra visión.
47. Que el Señor que comenzó esta buena obra en nosotros, continúe trabajando ahora a través de nosotros para terminarla. ¡Como comunidad de fe viva tenemos mucho trabajo por hacer para cumplir con nuestra misión de ser Testigos de la Esperanza, llenos de vida en Cristo!
S.E.R. Monseñor Thomas G. Wenski
Obispo de Orlando
Agosto 26, 2006 |