La Vigilia Pascual – 23 de marzo 2016

Hemos venido para celebrar la Resurrección de Jesús. Le damos la bienvenida a aquellos que están a punto de ser recibido en la Iglesia. Con alegría los felicitamos por haber completado su viaje de oración y descubrir quién es Jesucristo en su vida. Cada año celebramos la Pascua. San Pablo en su carta a los Corintios, dijo “Si Jesús no resucitó de entre los muertos nuestro predicar es en vano” y sin embargo, él también dice “nosotros predicamos a Cristo crucificado, un obstáculo para algunos y locura para otros.” Pero ¿qué nos dice la Resurrección de Jesucristo a nosotros? Si teólogos y algunas de las más grandes mentes han especulado y debatido durante siglos el significado de la Resurrección; ¿Cómo jamás podemos entender o creer? La respuesta es un don simple de la fe. Esta noche venimos para celebrar nuestro don de la fe y el don de fe de aquellos que están a punto de ser recibidos en la iglesia.

Hay una película “Risen”; que trata con el tema de fe. Su argumento se centra en un oficial Romano que busca el cuerpo de Jesús después de informes de la tumba vacía. Este oficial Romano encuentra a los discípulos en el cuarto superior. Los discípulos se están escondiendo de las autoridades porque temen perder sus vidas. La intención del oficial Romano era detener a los discípulos. Cuando entra a la habitación, el ve a Jesús Resucitado. Irónicamente este oficial Romano estaba en cargo de la Crucifixión de Jesús y había bajado su cuerpo de la Cruz para ser sepultado. Él está aturdido, confundido e incluso asustado al ver a Jesús; ¿Cómo es esto posible? Él está lleno de asombro, incredulidad y temor. ¿Es este realmente Jesús? ¿No será éste el Jesús resucitado? Puedes imaginar que nunca antes había regresado alguien de entre los muertos. ¿Qué es esto; es un fantasma?

De las Escrituras escuchamos que los discípulos también tenían temor cuando por primera vez vieron a Jesús Resucitado. De hecho, sabemos que algunos incluso dudaban. Todos estamos familiarizados con la incredulidad de Tomás. Tomás entra ahora en la escena de la película y Jesús lo llama. Tomás ponga tus dedos en las impresiones del clavo y tu mano en mi costado para que puedas creer. Éste es uno de los más poderosos momentos en la película porque no tan sólo Tomás pero el oficial Romano llegan a creer también. Ya no hay dudas ni temores; todos se han ido. Tomás responde a Jesús: “Señor mío y Dios mío”. El oficial Romano: vio, vivió y creyó. Para los discípulos y todos los que fueron testigos del Jesús Resucitado; esta experiencia cambió sus vidas radicalmente. Su experiencia y relación con Jesús antes y después de la Resurrección los prepara para contar sus historias. Los discípulos inspirados ahora para ir al mundo y contar la buena noticia que Jesús de Nazaret, quien había sufrido y muerto ha Resucitado. En el mensaje de Pascua estamos siendo llamados para venir y experimentar a Cristo Resucitado en nuestras vidas.

Dos de las más poderosas experiencias en la vida son el nacimiento y la muerte. Sin embargo, tememos la muerte más que cualquier otra cosa. El Papa Francisco nos recuerda que no es el miedo que nos debe motivar, pero el amor de Cristo. Jesús nos recuerda que “no hay más gran amor que el que da su vida por sus amigos”. El sufrimiento y la muerte de Jesús es un recordatorio de ese amor. La Resurrección de Jesús también señala al amor que Dios Padre nos da al momento de la muerte; ese amor es una vida nueva. Santo Tomás de Aquino dijo acerca de la Resurrección “nuestras mentes no pueden concebir ni comprender bien su significado”. Quizás estamos condicionados demasiados por la ciencia y la tecnología que no deja lugar para el misterio en nuestras vidas. Cita de un teólogo, “La vida es un misterio para ser vivida no es un problema para ser resuelta”. La vida se ha hecho tan concreta y pragmática que puede no haber necesidad de fe. El misterio de la Resurrección de Jesús muestra que hay algo más allá de nuestras expectativas y nuestra comprensión. Las palabras de Jesús, “ojo no vio ni el oído oyó lo que Dios ha preparado para los que lo aman”.

En el Evangelio escuchamos los ángeles decirles a las mujeres, “¿por qué buscas a él vivo entre los muertos? Él no está aquí, ha Resucitado. Recuerda lo que te dijo cuando aún estaba en Galilea que el Hijo del Hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores y ser crucificado, y resucitar al tercer día. Recordaron de sus palabras. Pedro corrió a la tumba” (Lc 24:12). ¿Qué pensamiento cruzó la mente de Pedro y agitó su corazón mientras corría hacia la tumba? El Evangelio nos dice que los once, incluyendo a Pedro, no habían creído el testimonio de las mujeres – sus “palabras les parecieron un cuento insubstancial” (v. 11).

Así pues había duda en el corazón de Pedro, junto con muchas otras preocupaciones: tristeza por la muerte del amado Maestro y la desilusión por haberlo negado tres veces durante su pasión. Esta noche nosotros también venimos con nuestras dudas, preocupaciones y las tragedias sin respuestas de la vida. Se nos pide que recordemos las palabras de Jesús. No podemos encontrar respuestas en la tumba vacía y no celebramos la tumba vacía de la vida, pero es en las palabras vivas de Jesucristo. Palabras que nos inspiran a vivir nuestras vidas no por temor, sino con un profundo amor por Jesucristo; quien vino a salvarnos.

Oscar Romero cuyo aniversario de su muerte fue el jueves, dijo, “Cómo me gustaría imprimir está gran idea en el corazón de cada uno. Cristianismo no es colecciones de verdad para ser creída, de leyes para ser obedecidas, de prohibiciones. Esto lo hace muy desagradable. El Cristianismo es una persona, uno quien nos amó tanto, uno quien pide nuestro amor. El Cristianismo es Jesucristo”.

Catedral San Santiago, Orlando