María, Madre de la Iglesia – Mayo 2018

Jesús dijo a sus discípulos:
“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes.
Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor,
como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”.

Juan 15:9-10

 

Mis hermanos y hermanas en Cristo,

Estamos a mediados del mes de mayo y para muchos de nosotros es un mes caracterizado por la celebración de la Primera Comunión; la emoción de las graduaciones de la escuela secundaria; la espera para que comiencen las vacaciones de verano; el comienzo de las lluvias de la tarde. Mayo es también el “Mes de María”. La Iglesia la honra como la Madre de Dios, la ve como un modelo de discipulado perfecto y le pide oraciones a Dios en nuestro nombre. Se han desarrollado muchas formas de piedad hacia la Madre de Dios que nos ayudan a acercarnos a su Hijo. En estos devocionales, recordamos su extraordinario mandato de manifestar el amor de Dios en esta tierra a través del nacimiento de su Hijo unigénito, Jesús. Por su mandato, ella cumple un papel crucial en la historia de la salvación.

Lo que la fe católica cree acerca de María se basa en lo que cree acerca de Cristo, y lo que enseña sobre María ilumina a su vez su fe en Cristo. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha recurrido a la Santísima Virgen para acercarse a Cristo. Como la Madre de Dios, la Virgen María tiene una posición única entre los santos, de hecho, entre todas las criaturas. Ella está exaltada, y aún así es uno de nosotros. Ella está dotada con el alto cargo y la dignidad de ser la Madre del Hijo de Dios, por lo cual ella también es la hija amada del Padre y el templo del Espíritu Santo.

La devoción del Papa Francisco a nuestra Santísima Madre es bien conocida. A principios de marzo de este año, el Papa Francisco decretó que el Memorial de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia se celebra cada año el lunes después de Pentecostés (21 de mayo de 2018). El decreto establece que la promoción de esta devoción podría alentar el crecimiento del sentido materno de la Iglesia en los sacerdotes, religiosos y fieles, así como un crecimiento de la piedad mariana.

“Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento en la vida cristiana debe estar anclado al Misterio de la Cruz, a la oblación de Cristo en el banquete eucarístico y a la Madre del Redentor y Madre de los redimidos, la Virgen que hace su ofrenda a Dios”.

El decreto observa que la veneración de María como Madre de la Iglesia tiene raíces antiguas en la tradición católica, que se remonta a San Agustín y San León Magno. El título, dice el documento, está enraizado en los relatos del Nuevo Testamento acerca de María. “Se convirtió en la tierna Madre de la Iglesia que Cristo engendró en la cruz, entregando el Espíritu”, dice el decreto. “Cristo a su vez, en el discípulo amado, eligió a todos los discípulos como ministros de su amor hacia su madre, confiándola a ellos para que la reciban con afecto filial”.

 

El Obispo Thomas Grady, el segundo obispo de la Diócesis de Orlando, escribió un hermoso poema, María, Símbolo de la Iglesia, y le habla a ella como una “sierva, que viene a servir; proporcionando la palabra y el pan y el vino, Theotokos, portador de la vida”. María nos mostró, a través de su servicio a Dios, cómo permanecer en Su amor. Dejó a un lado su existencia para hacer la voluntad del Padre, así como su Hijo dejó de lado su existencia divina para hacer la voluntad de su Padre. Como María es nuestro ejemplo, nosotros también debemos estar atentos y aceptar la voluntad de Dios cada día mediante la oración y nuestra conexión con Dios. Ella expresó su amor por su aceptación de la Cruz. Ella le dio el corazón de su corazón a Dios.

Que podamos darle la bienvenida al Divino Amante en nuestro corazón, que permanezcamos en Su amor. Que sigamos en el “sí” suave pero firme de la Madre de la Iglesia, para llevar Su amor para que el mundo conozca a Dios.