Pascua – Marzo 2018

Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.

Lucas 24:29-31

Mis hermanas y hermanos en Cristo,

¡La paz este con ustedes en esta temporada de Pascua! En nuestra realidad espiritual, la comida juega un papel importante en la historia de la salvación, del fruto prohibido en el jardín que trae el pecado y la muerte a la comida del cuerpo de Cristo en el árbol de la cruz que produce la vida eterna. No es la comida Eucarística la que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros quienes misteriosamente somos transformados por esta. Cristo nos nutre al unirnos a Su Cuerpo; “Nos lleva a la vida de la Trinidad para darnos Su Cuerpo como nuestro Pan de Vida.”

Jesús es obediente al Padre a quien ama profundamente. Él sufre y muere por nuestro bien y reconcilia a toda la raza humana con Dios. Con Su muerte y resurrección, Jesús completa el nuevo pacto de Dios. Por la gracia del Bautismo, la Palabra de Dios está dentro de nuestro corazón. Sin embargo, la Palabra llama a nuestro corazón a un camino de conversión; seguir a Jesús donde sea que vaya, hacer la voluntad de su Padre, como Él lo hizo. Al experimentar de nuevo la agonía del jardín con Jesús, a veces nos sentimos preocupados por lo que encontramos cada día. No debemos desanimarnos ni desilusionarnos, sino con la promesa de la vida eterna, estamos llamados a renovar la tierra con el amor profundo de Dios.

Al igual que los discípulos de Emaús, puede que luchemos para ver claramente lo que tenemos ante nosotros. Jesús nos dice que no tengamos miedo porque Él está con nosotros siempre, hasta el final de los tiempos. Como los discípulos, deseamos reconocer a Jesucristo, el Señor, en la fracción del pan. Deseamos cenar en el reino de Dios. Buscamos la conversión, que mientras cenamos con Jesús, somos transformados por su presencia. Abogamos por el perdón y preguntamos cómo ofrecer Su Paz el uno al otro. Esperamos la hospitalidad de Dios mientras nos abramos los brazos en señal de bienvenida. Preparamos nuestro corazón a medida que traemos justicia y generosidad hacia los demás, para cumplir Su misión.

El Papa Francisco nos recuerda que fue en la fracción del Pan que los discípulos reconocieron al Señor Resucitado en Emaús. Asimismo, en la Misa, “en el Pan Eucarístico, quebrantado por la vida del mundo, la asamblea de oración reconoce al verdadero Cordero de Dios, es decir, Cristo Redentor, y le reza: ‘ten piedad de nosotros, concédenos la paz.’”

Durante la Vigilia Pascual, somos atraídos hacia la luz que supera la oscuridad e ilumina la asamblea litúrgica. El sacerdote enciende el cirio Pascual del fuego nuevo y dice: “Que la luz de Cristo alzándose en gloria disipe la oscuridad de nuestros corazones y mentes.” El Papa Francisco nos dice que la Luz de Cristo nos permite a “todos nosotros revivir la experiencia de los discípulos en el camino a Emaús. Al escuchar la Palabra de Dios y nutrirnos de la mesa de la Eucaristía, nuestros corazones son cada vez más ardientes en la fe, la esperanza y el amor.”

Durante esta temporada santa, que nuestros ojos estén abiertos para que podamos reconocerlo mientras oramos urgentemente, Quédate con nosotros, Señor.