Hijo Amado – Enero 2021

“Y una voz vino desde el cielo que decía: «Tú eres mi Hijo amado; en ti me he complacido.»” |
Marcos 1, 11

Mis hermanas y hermanos en Cristo:

Nuestras pilas bautismales y pilas de agua bendita todavía permanecen vacías durante la pandemia. El 10 de enero, cierre de la temporada navideña, escuchamos proclamar el Evangelio sobre el Bautismo del Señor. ¡Qué incongruencia para el pueblo de Dios!

Pensamos que el agua es esencial para nuestra vida diaria y sabemos que el agua del bautismo es esencial para nuestra vida en Cristo. El agua representa la plenitud de vida que Dios promete. Al comprender el don del bautismo, debemos reconocer que los caminos de Dios están más allá de nuestra comprensión. El agua del Bautismo nutre las semillas del amor de Dios dentro de nosotros mientras estamos atentos a Él y hacemos presente Su reino en la tierra.

El Papa Francisco dice: “Redescubrimos nuestro propio Bautismo en la Fiesta del Bautismo. Así como Jesús es el Hijo Amado del Padre, también nosotros, renacidos del agua y del Espíritu Santo, sabemos que somos hijos amados –¡el Padre nos ama a todos! –, que somos objeto de la satisfacción de Dios, hermanos y hermanas de muchos otros, con una gran misión de dar testimoniar y anunciar a toda la humanidad el amor ilimitado del Padre”.

Sin embargo, recordamos a Jesús en la Cruz gritando: “¡Tengo sed!”. ¿De quién tenía sed? ¿Le habría satisfecho un trago de agua? Él estaba llorando por nosotros. Él estaba clamando por nuestra atención a Dios, ahora, no sólo en ese momento sino también a lo largo de todas las edades, ayer, hoy y siempre. Él estaba clamando por ti y por mí para recordarnos nuestro bautismo y el pacto que hicimos ese glorioso día para vivir, con Él y en Él.

Juan el Bautista trató de preparar los corazones para la venida del Reino de Dios. Jesús, aunque no necesitaba la “conversión” producida por el bautismo, se humilló para mostrarnos la importancia de Su unión con el Padre. En el agua, Jesús se convierte en aquello de lo que habla Juan el Bautista: la Aurora del Reino de Dios. La voz de los cielos reconoce el maravilloso amor de Dios, “Tú eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia”. Jesús es el camino de este maravilloso amor y el que sella el pacto entre nosotros y Dios.

El Papa Francisco dijo: “Esta sencilla frase nos permite intuir algo del misterio de Jesús y de Su corazón, siempre vuelto al Padre”. Acabamos de celebrar las temporadas de Adviento y Navidad. ¿Estamos atentos a Dios, como vino Jesús para ayudarnos a comprender? Piensa en estos días y en cómo has vivido tu verdadera conversión a Dios. ¿Es tu vida diaria una completa oración desde el momento en que te levantas hasta el final de la noche? ¿Oras con tu familia? ¿Hablas bien con tus hermanos y hermanas, padres, amigos? Aunque es posible que no nos veamos con tanta frecuencia como nos gustaría, Dios nos ha dado el don de la tecnología para hacer llamadas telefónicas, publicar en Facebook o Skype. ¿Te preocupas por los demás al usar tu mascarilla en público? Como la entrega de regalos es tan apropiada en la época navideña, ¿te acuerdas de los que están sufriendo? ¿Has compartido algunos de tus tesoros con otras personas? ¿Enseñas pacientemente a tus hijos a seguir a Jesús? ¿Trabajas por el bien común y renuncias al beneficio personal?

En Su bautismo, Jesús sumerge Su cuerpo para unirse a cada uno de nosotros y nos llama a ser santos. Que vivamos como Su pueblo santo, para que podamos ser llamados amados.

 

 

 

 

 

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